El hemisferio sur salva con altibajos la cosecha 2026
Un popular dicho español, cuando los resultados son más o menos parecidos en una comparativa, asevera que “las gallinas que entran, por las que salen” y parece que algo de ese ha pasado con la cosecha de vino del hemisferio sur que toca a su fin con cantidades similares tras las bajadas de unos y las subidas de otros.
Así, mientras Argentina anuncia una reducción en su producción de cosecha del 9,5% hasta quedarse en 11,90 millones de hectolitros y Australia habla de una caída cercana al 20% con una reducción hasta los 10 millones de hectolitros; otros como Nueva Zelanda apuntan a un incremento del 31% hasta los 3,75 millones de hectolitros.
Y no son los únicos, ya que Brasil, cuya producción bajó el pasado año considerablemente, anuncia una producción cercana a los 3,00 millones de hectolitros con aumento del 38% y Chile, que rayó el desastre el año pasado podría pasar de los 8,38 millones de hectolitros de 2025 a una cantidad que oscila entre los 8,80 y los 9,40 millones.
Sudáfrica, por su parte, es una incógnita aún tras una cosecha paupérrima de 9,00 millones de hectolitros en 2025 como consecuencia de la sequía y las tormentas a deshora, y apunta a una leve recuperación que podría oscilar entre los 9,50 y los 10 millones de hectolitros.
Uruguay, finalmente, espera elaborar alrededor de 0,70 millones de hectolitros con incremento del 11% sobre los apenas 0,60 millones, en un pequeño país donde, pese a la enorme calidad de sus elaboraciones, se acumulan importantes stocks porque el consumo oscila entre 0,40-0,50 millones de hectolitros, cantidad a la que se suman las importaciones.
La cantidad final este año oscilaría entre los 48 y los 49 millones de hectolitros frente a los 47-48 millones de hectolitros de la campaña 2025 que, en conjunto, ya resultó desastrosa en un Nuevo Mundo que se debate entre las catástrofes climáticas y la retracción de los mercados internacionales.
Los aranceles de Trump, el mal momento de las compras de vino en China, un mercado que se hundió con el Covid y que no ha vuelto a levantar cabeza, las políticas antialcohol de los lobbies internacionales, que se ceban con el vino antes que, con las bebidas de alta graduación, las drogas o las bebidas gaseosas, tan perniciosas o más que el alcohol desde el punto de vista de la salud.
La revolución significativa que está sufriendo el mundo del vino en este momento apunta a un consumo de vinos de mayor calidad, con capacidad de crecimiento para blancos, espumosos y rosados, y hundimiento paulatino de los tintos, y apuesta por vinos desalcoholizados o parcialmente desalcoholizados.

Periodista. Miembro de AEPEV y FIJEV
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