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Las infames APPS

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Fotografía: Kai Cheng

Hoy quiero hablar de lo que llamaría «las infames Apps«, unas herramientas casi  «perfectas» para el cliente del vino 2.0.

Que internet es una herramienta muy útil es una realidad, que es un cuchillo de doble filo y además muy bien afilado también.

Últimamente raro es el cliente que no fotografía la etiqueta de los vinos para guardarla en esas maravillosas Apps de vino que todos conocemos o para consultar su valoración en esta misma, poniendo en duda mi sugerencia o su propia elección (cosa aún incomprensible para mí). Y digo yo, en el caso de que pidas consejo a un profesional del sector, que para eso está donde está, no tendría algo más de lógica que primero la aceptes, la pruebes, y luego ya…que sea lo que tenga que ser, porque hay que ser realistas no siempre acertamos a la primera.

Dejando a un lado las capacidades de cada uno de poder interpretar a su cliente o el mismo cliente de saber expresar algo tan subjetivo como son sus gustos, retomemos el tema de las BENDITAS y no tan benditas aplicaciones de vino.

Algo que no se puede discutir es la utilidad de una base de datos de los vinos, con las preferencias del mercado, con fichas técnicas, con toda la información necesaria sobre cualquier referencia que pueda ser útil para conocer más, para comprar o para decidirnos a probar una nueva etiqueta.

Tanta es la información que te facilitan que suelen tener un apartado de opinión que puede servir de referencia y ayuda la experiencia de otros consumidores a la hora de tomar tu decisión, pues bien, AHÍ y solamente ahí es donde quería yo llegar.

Gracias a estas Apps, el anonimato de internet nos permite opinar, sin control sin conocimiento, y sin consecuencias aparentes, pero las tiene.

Cuando eres un pequeño productor que pones todo tu corazón y todo tu dinero en hacer tu vino y llegan esos clientes que dicen saber a valorarte en esa aplicación que ni has pedido estar y lo que es peor aún que ni te han preguntado.

Pues daño eso es lo que ocurre, esas valoraciones deberían ser objetivas, es decir:

  • Si el vino calidad-precio está bien elaborado.
  • Si tenía algún defecto o factores únicamente objetivos.

Lo que realmente suelen reflejar esas opiniones son eso, meras opiniones, gustos que mucho distan de que un vino pueda estar bueno y/o bien elaborado. Lo que suele ocurrir con ese usuario es que no es consciente de lo que puede suponer una mala valoración para un vino que estaba correcto pero que no era de su gusto.

Solo quiero hacer un llamamiento a la reflexión sobre lo que supone realmente a nivel trabajo y esfuerzo para muchas personas hacer llegar un vino a su destino final, que seamos un poco conscientes de que el vino es mucho más de lo que hay en la botella.

El vino es el reflejo del duro trabajo, desde las pequeñas hasta las grandes bodegas, sigue suponiendo el esfuerzo de alguien, sea de quien sea el bolsillo.

 

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