El motor silencioso del vino español: el mosto, en sus dos versiones, impulsa las exportaciones a un récord de 397 millones
Mientras las ventas de vino al exterior ofrecían un rendimiento desigual en 2025, un derivado menos conocido de la uva se anotó un tanto histórico. España ingresó 397,47 millones de euros por la venta de mostos y zumos de uva, un 5,67 % más que en 2024. Una cifra que no solo marca un récord, sino que también subraya la importancia de dos productos que operan en la sombra del gran negocio vitivinícola: el mosto concentrado y el mosto concentrado rectificado (MCR).
Estos dos derivados, lejos de ser un simple comodín para excedentes de cosecha, se han consolidado como una industria propia, tecnificada y con un peso creciente en la balanza comercial. Para entender el dato global de 397,47 millones de euros, es fundamental distinguir sus dos caras.
Dos partidas, dos mercados distintos
Las exportaciones se dividen en dos códigos aduaneros que revelan la naturaleza dual de este producto.
Por un lado, la partida 2009 agrupa los zumos y mostos sin fermentar y sin alcohol, y supuso la mayor tajada del negocio: 325,22 millones de euros. Aquí es donde reina el MCR, la joya tecnológica del sector. Este producto se obtiene tras un proceso de concentración y purificación que elimina todos los componentes del mosto excepto los azúcares naturales. El resultado es un jarabe incoloro, inodoro e insípido que se ha vuelto imprescindible como edulcorante natural de alta pureza para industrias que no pueden permitirse alterar el sabor o color de sus productos, como la de los refrescos, zumos o alimentación infantil. Su neutralidad, pureza y estabilidad fisicoquímica y microbiológica lo convierten en un ingrediente de altísima calidad.
Por otro lado, la partida 2204 incluye los mostos parcialmente fermentados o destinados a uso industrial, y alcanzó los 72,23 millones de euros. En esta categoría, el protagonista es el mosto concentrado (sin rectificar). A diferencia del MCR, este conserva el color, los aromas y los azúcares propios de la uva, presentándose como un jarabe denso de 65-68º Brix. Su función es estratégica: se utiliza para aumentar el grado alcohólico, dar cuerpo o ajustar el perfil de sabor de los vinos, una práctica permitida y común en la industria, especialmente en añadas donde la uva no alcanza la madurez óptima.
Un pilar de 397 millones con tres funciones clave
Los datos de 2025 demuestran que la diversificación hacia estos productos de alto valor industrial es una de las estrategias más sólidas del campo español para compensar la debilidad en otros segmentos del mercado del vino. El éxito del mosto concentrado y el MCR se apoya en tres pilares estratégicos:
· Versatilidad industrial: No dependen de una sola industria. El MCR endulza un refresco en Europa, mientras que el concentrado ensambla un vino en Argentina. Esta diversidad de aplicaciones lo convierte en un valor refugio menos expuesto a las modas.
· Acceso a mercados vetados al alcohol: En países de mayoría musulmana, donde el vino enfrenta barreras culturales o arancelarias, el mosto sin alcohol circula sin obstáculos y permite al sector español seguir presente en esos mercados.
· Factor precio y oportunidad: El mosto es una materia prima que cotiza al alza cuando otras regiones productoras tienen una mala cosecha. En esos momentos, el producto español se vuelve imprescindible para ajustar los parámetros de vinos de todo el mundo, lo que tensa los precios y dispara los ingresos.
Los 397,47 millones de euros de 2025 no son solo una cifra récord: son la constatación de que la industria ha sabido transformar un derivado de la uva en un pilar comercial con identidad propia, donde la tecnología y la calidad marcan la diferencia.

Redacción La Gaceta del Vino
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