Valdepeñas quiere volver a ser grande
La Denominación de Origen Valdepeñas quiere abrir una nueva etapa después de unos años especialmente difíciles.
Tras la crisis interna iniciada en 2021 y el posterior proceso de reconstrucción, la nueva organización interprofesional, INTERVALDEPEÑAS, afronta el reto de recuperar la notoriedad, el prestigio y la conexión con el consumidor de una denominación histórica, reconocida oficialmente en 1932. En junio de 2026, además, la resolución judicial que permitió culminar la liquidación de la antigua interprofesional y la cesión de sus activos a INTERVALDEPEÑAS supuso un paso decisivo para cerrar aquella etapa.
Valdepeñas tiene, sin embargo, una ventaja que no puede despreciarse: nunca dejó de tener una importante presencia en el mercado. Según datos de NIQ publicados por El Confidencial, en 2025 se comercializaron 27,7 millones de litros de vinos de la denominación en supermercados, tiendas independientes, estaciones de servicio y comercio electrónico, por un valor de 96,5 millones de euros. El volumen fue un 4% superior al registrado en 2023. La DO continúa, además, entre las cinco primeras de España por volumen de producción, con grandes grupos como Félix Solís Avantis y García-Carrión junto a cooperativas, bodegas familiares y nuevos proyectos.
El problema, por tanto, no parece ser únicamente cuánto vino vende Valdepeñas, sino qué significa hoy la palabra Valdepeñas para el consumidor. Y ahí está probablemente el gran desafío de la nueva etapa. Durante décadas fue uno de los grandes nombres del vino español y su relación con Madrid forma parte de la historia vitivinícola del país. La cercanía a la capital convirtió a Valdepeñas en uno de sus principales proveedores de vino y el desarrollo del ferrocarril, con el conocido Tren del Vino, multiplicó su capacidad comercial. Aquella historia sigue siendo un activo, pero no basta por sí sola para construir el futuro.
La nueva estrategia tendrá que conseguir que esa historia se transforme en una propuesta contemporánea. Valdepeñas cuenta con territorio, miles de hectáreas de viñedo, tradición, empresas de dimensión internacional y una diversidad de proyectos que pueden permitirle competir en distintos segmentos. El reto estará en convertir ese potencial en un relato común y reconocible, capaz de hablar no solamente de volumen y tradición, sino también de calidad, gastronomía, territorio, innovación y valor.
Y hay una fecha que puede servir como punto de llegada: 2032, cuando la denominación cumplirá cien años de su reconocimiento oficial. Seis años son suficientes para construir una estrategia ambiciosa, pero no tantos como para perder tiempo. El centenario puede convertirse en una gran oportunidad para recuperar memoria, prestigio y presencia, siempre que no se limite a una celebración institucional y sirva para presentar un Valdepeñas renovado ante el consumidor.
Porque quizá “volver a ser grande” no signifique recuperar exactamente el Valdepeñas del pasado. Signifique conseguir que vuelva a ser relevante en el futuro. La denominación ya tiene volumen y una historia difícilmente comparable. Ahora necesita convertir esos activos en notoriedad, confianza y valor. Después de unos años mirando demasiado hacia dentro, Valdepeñas tiene que volver a mirar hacia fuera: hacia el mercado, hacia la hostelería, hacia las nuevas generaciones y, sobre todo, hacia el consumidor. No necesita recuperar el pasado; necesita conseguir que el futuro vuelva a llevar su nombre.

Redacción La Gaceta del Vino
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