Armenia, donde el vino dio sus primeros pasos
El descubrimiento en 2008 del yacimiento arqueológico Areni-1 demuestra que el apasionante mundo del vino comenzó hacia el año 4100 antes de Cristo en este pequeño país de poco más de tres millones de habitantes que cuenta, además, con la primera comunidad cristiana (de rito ortodoxo), que echó a andar oficialmente en el año 301, tras la labor evangelizadora en el siglo I de los discípulos San Bartolomé y San Judas Tadeo.
Esa historia entre vino y cristianismo es palpable en un país que recuperó su tradición vitivinícola a partir de 1991 cuando dejó de formar parte de la Unión Soviética y proclamó su independencia. Hasta entonces, la producción de vino se incrementó en cantidad y bajó en calidad y Armenia se convirtió en el abastecedor de brandy del imperio comunista.
En este contexto histórico se ha celebrado en Ereván la 33ª edición del Concurso Mundial de Bruselas, que es itinerante, y recayó este año en la capital armenia con catas entre los días 21 al 23 de mayo.
Pero 6.100 años dan para mucho y el vino nunca ha dejado de formar parte de la cultura del país y su tradiciones, pese al empuje de otras bebidas como la cerveza o el vodka, en un lugar donde existen más de 350 variedades autóctonas, una veintena de ellas cultivadas con asiduidad, en las poco más de 15.500 hectáreas actuales, frente a las casi 35.000 de la primera etapa soviética donde la elaboración de brandy era una de las salidas más habituales.
El viñedo armenio, que en 2025 produjo 7,70 millones de litros de vino, tras un año marcado por un clima adverso, se sitúa en una elaboración media de 12-13 millones de litros con la variedad tinta areni y la blanca voskehat, como emblemas del vino nacional en unas parcelas que se sitúan entre los 400 y los 2.000 metros de altitud.
Old Bridge Winery abrió sus puertas en 1998 en Yeghegnadzor de la mano de la familia Levonyan en un área montañosa y desértica donde el viñedo se convirtió en una rareza en un paraje junto al río Arpa y con una altitud que oscila entre 1.250 y 1.300 metros con las variedades autóctonas areni, en tintos, y voskehat, en blancos.
Old Bridge es una pequeña bodega que cuenta con poco más de 3,50 hectáreas y que elabora entre 8.000 y 20.000 botellas anuales, producción que complementa con sus catas guiadas, comidas y cenas en su restaurante y la oferta de alojamiento y desayuno en sus atractivas y confortables habitaciones.
En 2008, Varuzhan Mouradian y su familia, que hasta entonces residían en Los Ángeles (California), decidieron dar un paso adelante y apostar por la creación de una bodega en su país. Para ello eligieron la región de Aragatsath, un área de tradición vitivinícola con más de 5.000 años de experiencia, a las faldas del monte Arafat, a 1.050 metros de altitud y con un clima seco y ventoso.
Hoy, Van Ardi, su bodega, se ha convertido en un conjunto arquitectónico que cuenta con un enorme restaurante para eventos y una filosofía orgánica, con algún apunte biodinámico, y una producción de vinos de calidad con las variedades tintas areni, kakhet, milach, haghtanak, además de la foránea syrah, y de las blancas kangun y voskehat. Interesante su blanco Tori Tori o sus tintos de crianza Van Ardi Haghtanak y Milagh.
Cuentan con 10 hectáreas de viñedo en un terreno de 100 hectáreas y se encuentran en expansión. De sus 18.000 botellas iniciales han pasado a una producción que oscila anualmente entre 50.000 y 100.000 botellas.
Alluria Wines es una bodega pequeña, ubicada en Almavir, con filosofía de elaboración de vinos naturales con variedades autóctonas y se extiende sobre 6 hectáreas que dan una pequeña producción de 10.000 botellas anuales con areni y kangun como buques insignia, además de un coqueto restaurante, que regenta la familia Machounian desde 2014.
Karas Winery es uno de los proyectos más ambiciosos del país gracias al trabajo y el tesón de Eduardo Eurnekian y su sobrina Juliana del Águila Eurnekian, de ascendencia armenia, y dueños de la famosa Bodega del Fin del Mundo, en Neuquén, la Patagonia argentina, que cuentan con 400 hectáreas en Armavir, frente al monte Ararat.
La empresa, creada en 2010, produce entre uno y dos millones de botellas anuales, con una tirada de alta gama que oscila entre 12.000 y 50.000 botellas, bajo la marca Karas y con un potencial productivo cercano a los tres millones de botellas.
La bodega cuenta con una zona amplia para la celebración de eventos, tanto bajo techo como al aire libre y unos suelos volcánicos que ofrecen una amplia gama de vinos con variedades internacionales como syrah, cabernet franc y malbec, además de la autóctona areni o chardonnay, viognier y la armenia kangun. Además de un excelente espumoso de chardonnay, folle blanc, colombard y kangun.
En la localidad de Sasunik, a solo 30 kilómetros de Erevan, se sitúa la Armenian Wine Company, una bodega que cuenta con 135 hectáreas, 80 de ellas con certificado orgánico, y produce alrededor de 12 millones de botellas, incluidas las de brandy, a la par que exporta a 50 países. Sus líneas Takar Areni y Erevan, para vinos jóvenes y frutales son las más conocidas.
Y es que Armenia es un país con un atractivo y maravilloso paisaje que complementan y engrandecen las bodegas que se extienden a lo largo y ancho del país donde Noe plantó sus primeras viñas y esperó paciente, en su arca, que pasara el diluvio universal.

Periodista. Miembro de AEPEV y FIJEV
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