Espumosos: el refugio de valor del vino mundial frente a la crisis de consumo
El Prosecco roza los 3.600 millones de euros y el Crémant bate récords, mientras el Cava español se contrae en volumen un 13% pero duplica las ventas de su gama más alta. La desestacionalización del consumo y el ‘boom’ de los espumosos sin alcohol —que crecen al 12%— dibujan el nuevo mapa de una categoría que facturará 54.670 millones de dólares este año
En un mercado global del vino que continúa perdiendo fuelle —con un consumo que en 2025 volvió a registrar un leve retroceso, según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV)—, los vinos espumosos se han consolidado como el único segmento que ofrece un crecimiento sólido en valor y una capacidad de adaptación que ya quisieran para sí los vinos tranquilos. Así lo certifica el Sparkling Report 2026, el exhaustivo informe encargado por la feria ProWein a la consultora IWSR, que radiografía un sector en plena mutación: resiste en volumen, se dispara en valor y encuentra nuevos momentos de consumo más allá del brindis festivo.
Los datos globales son elocuentes. En 2024 se consumieron en el mundo 3.320 millones de botellas de espumoso, un leve descenso tras el ciclo expansivo que arrancó en 2020, pero el valor del mercado no ha dejado de crecer y se estima que en 2025 alcanzará los 54.670 millones de dólares. “Los más jóvenes están mostrando un gran interés por esta categoría y disfrutan de los vinos espumosos incluso en ocasiones informales y cotidianas”, explica Luke Tegner, director de Consultoría de IWSR. Detrás de esa frase se esconde una de las claves del éxito: el espumoso ha roto su corsé celebratorio para colarse en el aperitivo, la coctelería y las reuniones informales, aumentando la frecuencia de consumo.
Prosecco, el rey indiscutible del volumen y la exportación
Si hay un nombre que encarna el triunfo internacional de las burbujas es el Prosecco. La denominación italiana produjo en 2025 un total de 667 millones de botellas, un 1,1% más que el año anterior, y facturó 3.600 millones de euros. En apenas una década ha duplicado sus ventas y destina ya más del 80% de su producción a la exportación. Estados Unidos sigue siendo su principal mercado exterior, pero las sorpresas del año las han dado Francia —con un incremento del 21% en las compras—, Grecia y México, ambos con crecimientos de dos dígitos. El Sparkling Report subraya además que la categoría avanza hacia versiones con menor graduación alcohólica, un guiño a las nuevas demandas del consumidor.
El capítulo español del informe está protagonizado por la paradoja del Cava. La sequía que ha asolado el viñedo catalán en las últimas campañas —la cosecha de 2024 fue la más corta en décadas y la de 2025, aunque ligeramente mejor, volvió a estar por debajo de la media— ha lastrado la producción disponible. Según el Consejo Regulador, en 2025 se comercializaron algo más de 190 millones de botellas, un 13% menos que en 2024. La caída fue especialmente intensa en los mercados exteriores (−18,7%, hasta 114 millones de botellas), mientras que el mercado nacional aguantó mejor (−2,5%, con 76 millones). Aun así, el Cava sigue siendo el vino español con mayor vocación internacional: siete de cada diez botellas cruzan la frontera.
El dato que invita al optimismo estratégico está en la gama alta. El Cava de Paraje Calificado —la cúspide cualitativa de la denominación— prácticamente duplicó sus ventas en 2025, pasando de 17.000 a 31.000 botellas, mientras que el Gran Reserva creció un 6%. Todo ello en un contexto en el que la apuesta por la producción ecológica ya es obligatoria para las categorías superiores. En paralelo, la decisión de Freixenet de comercializar parte de su gama de entrada como Premium Sparkling —elaborado con uva de otras regiones españolas para sortear la falta de materia prima en el Penedès— ha desviado del cómputo oficial del Cava una parte significativa de las ventas en Alemania, lo que explica en buena medida el desplome del 40% registrado en ese mercado.
Frente al retroceso en volumen de algunos gigantes, el informe revela un ecosistema cada vez más diverso. Champagne vendió 266 millones de botellas en 2025, un 2% menos, y facturó unos 5.700 millones de euros, lejos de los 6.500 millones del año anterior. Sin embargo, la región se mantiene firme en su estrategia de creación de valor: los vinos de parcela, los monovarietales y los estilos Brut Nature siguen ganando terreno. A su sombra, el Crémant francés firmó un nuevo récord histórico con 123 millones de botellas (+7,5%) y exporta ya el 41% de su producción.
Mención aparte merece el segmento que más crece: los espumosos sin alcohol. Alemania, el principal mercado mundial, comercializó 22,3 millones de botellas en 2025, un 12% más, y ya representan cerca del 9% del mercado germano de espumosos. Las proyecciones de Grand View Research, recogidas en el estudio, apuntan a que el negocio global del vino sin alcohol —del que el 60% será espumoso— alcanzará los 3.780 millones de dólares en 2030, con un crecimiento anual cercano al 8%.
El Sparkling Report dedica un capítulo a las nuevas geografías de la burbuja de calidad. Reino Unido, donde las ventas de espumosos nacionales se han triplicado en seis años, se consolida como productor de referencia gracias a sus vinos de método tradicional. Hungría apuesta por el segmento premium, mientras que Tasmania destina ya el 43% de toda su producción vinícola a los espumosos. Austria, con su sistema de clasificación por crianza (Klassik, Reserve y Große Reserve), y Franciacorta, que comercializó 19,1 millones de botellas —casi el 90% en el mercado italiano—, completan un mosaico en el que la diferenciación y el origen son la única receta frente a la guerra de precios.
El diagnóstico final del informe es tan claro como desafiante: en un sector vitivinícola que pierde consumidores en los mercados tradicionales, los espumosos son la categoría con más músculo para atraer a las nuevas generaciones, generar valor añadido y abrir oportunidades de negocio. La receta, insisten los analistas, pasa por combinar calidad, desestacionalización y una oferta que responda al imparable auge de las opciones sin alcohol y de baja graduación. La burbuja, lejos de estallar, se reinventa.

Redacción La Gaceta del Vino
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