Francia arranca viñedo ante la caída imparable del consumo
Francia ha obtenido el beneplácito de la Comisión Europea para poner en marcha un nuevo programa de arranque definitivo de viñedos con la finalidad de reducir producción en las zonas más afectadas por la caída del consumo de vino, especialmente en tintos y en áreas de gran tradición como Burdeos.
Esta drástica medida conlleva una ayuda pública de 4.000 euros por hectárea para los viticultores que opten por eliminar para siempre una parte de sus viñas, con la finalidad de intentar ajustar el potencial productivo a una demanda que ha caído y que está generando importantes tensiones en el mercado.
Esta medida es continuación de una primera campaña de arranque aplicada entre 2024 y 2025 y que ha estado dotada con 120 millones de euros. El Ejecutivo francés definió el plan anterior como “respuesta excepcional para reducir excedentes y dar salida a explotaciones con pocas perspectivas comerciales”.
El nuevo paso amplía la línea iniciada hace dos años y se incluye en el cambio previo de la normativa europea, que ya fue negociado entre septiembre de 2024 y marzo de 2026 dentro del denominado paquete del vino.
Ese ajuste legal era necesario para que Francia pudiera notificar formalmente el sistema a Bruselas. Una vez en vigor la nueva regulación, las autoridades francesas remitieron el dispositivo a la Comisión Europea y obtuvieron su visto bueno tras varias semanas de contactos técnicos con los servicios comunitarios.
El sistema se ha ideado como salida inmediata a explotaciones que consideran inviable mantener determinadas superficies plantadas en un mercado con menor consumo y con cambios en las preferencias del público, entre las que se encuentra mayor consumo de vinos blancos y menor de vinos tintos.
Entre las causas barajadas está la disminución del consumo interno, con importante incidencia en los vinos tintos, además de un desajuste entre los volúmenes producidos y la demanda final por lo que el Gobierno galo asegura que el arranque definitivo puede contribuir a un equilibrio más estable del mercado.
El arranque definitivo es una herramienta sensible dentro de la política vitícola porque supone renunciar a producción futura a cambio de una compensación económica inmediata, algo que se observa también con preocupación en determinadas zonas españolas, como Castilla-La Mancha, donde la vid es prácticamente la única masa arbórea.
Francia es uno de los mayores productores mundiales de vino, junto a Italia y España, y cualquier reducción del viñedo tiene efectos sobre su sector agrario y sobre el equilibrio entre regiones productoras, datos que el Ministerio de Agricultura del país vecino no ha desvelado: ni número de hectáreas ni ubicación geográfica concreta.
La aprobación comunitaria llega cuando varios países europeos revisan sus políticas para adaptar el viñedo a un mercado distinto al de hace apenas 20 años, con menor consumo per cápita, cambios generacionales y una demanda más fragmentada están obligando a revisar estrategias tanto en producción como en promoción.
Desde el resto de los países productores se sigue con interés la apuesta francesa, tanto en el alcance de hectáreas, la acogida de los viticultores y las zonas afectadas y empieza a escucharse en voz baja aquel dicho popular de “cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”.

Periodista. Miembro de AEPEV y FIJEV
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