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Francia y su actual estrategia: menos viñedo para defender el valor del vino

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Mientras buena parte del sector vitivinícola español centra su atención en la evolución de la próxima vendimia y en unos mercados que continúan mostrando síntomas de debilidad, Francia ha puesto en marcha una de las medidas más contundentes de las últimas décadas: reducir de forma permanente su potencial productivo

 

El programa de arranque definitivo de alrededor de 28.000 hectáreas de viñedo, impulsado por el Gobierno francés con apoyo de fondos europeos y gestionado por FranceAgriMer, no debe interpretarse únicamente como una respuesta coyuntural al exceso de existencias. Representa un cambio de estrategia en uno de los mayores productores mundiales de vino: producir menos para intentar recuperar rentabilidad.

La decisión llega después de varios años marcados por una combinación de factores que el sector conoce bien: descenso del consumo de vino tinto, ralentización de las exportaciones, aumento de los costes de producción y una presión creciente sobre los precios en origen. Sin embargo, Francia parece haber asumido que muchas de estas circunstancias no son pasajeras y que parte del problema requiere soluciones estructurales.

Las ayudas al arranque se concentran principalmente en zonas donde el desequilibrio entre producción y comercialización resulta más evidente, con especial incidencia en Burdeos y otras regiones donde numerosos viticultores llevan varias campañas acumulando dificultades para comercializar sus vinos en condiciones rentables.

No se trata únicamente de reducir superficie. Se trata de retirar del mercado viñedos cuya viabilidad económica resulta cada vez más comprometida y facilitar una reorganización del sector que permita mejorar el equilibrio entre oferta y demanda.

Francia sigue marcando tendencia en muchas de las decisiones estratégicas del vino europeo. Por ello, el alcance de este programa va mucho más allá de sus fronteras.
La reducción del potencial productivo francés puede modificar los flujos comerciales en determinados segmentos, especialmente en el mercado del vino a granel y en algunas categorías de vinos de gama media, donde la competencia entre los grandes productores europeos es especialmente intensa.
Al mismo tiempo, la situación ha provocado que algunas bodegas francesas salgan al mercado con ofertas muy competitivas para reducir existencias, una circunstancia que ya ha sido señalada por organizaciones agrarias españolas, como AVA-ASAJA, que recientemente alertaba de la presencia de vinos franceses a precios especialmente bajos en determinadas operaciones comerciales.

La gran incógnita es si esta estrategia conseguirá el objetivo perseguido.

Reducir superficie no garantiza automáticamente mejores precios, pero sí puede contribuir a disminuir la presión derivada del exceso de oferta si la demanda permanece estable. Francia parece haber optado por proteger el valor del vino antes que mantener un volumen de producción difícil de comercializar.
La medida también supone un reconocimiento implícito de que el mercado europeo del vino ha cambiado. El crecimiento ya no vendrá únicamente por producir más, sino por vender mejor, generar mayor valor añadido y adaptar la oferta a las nuevas tendencias de consumo.
La pregunta es inevitable. España comparte buena parte de los desafíos que afronta Francia: descenso del consumo en mercados maduros, incremento de los costes, incertidumbre internacional y presión sobre los precios en origen.

El programa francés no debería interpretarse únicamente como una reducción de superficie. Es una declaración de hacia dónde cree Francia que debe evolucionar su sector vitivinícola.
El objetivo ya no parece ser ganar cuota mediante el volumen, sino preservar la rentabilidad de las explotaciones, reforzar el posicionamiento de sus vinos y adaptar la producción a un mercado cada vez más exigente y competitivo.

Para el sector español, la experiencia francesa ofrece una oportunidad para reflexionar. No necesariamente para replicar el mismo modelo, pero sí para abrir un debate sobre cómo mantener la competitividad de nuestras explotaciones en un escenario en el que producir más ya no siempre significa vender más.
Las decisiones que hoy está tomando Francia pueden anticipar buena parte de las discusiones que el conjunto del sector vitivinícola europeo tendrá que afrontar en los próximos años.

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