
Las empresas vinícolas españolas no suelen arriesgar al escoger los mercados a los que llevar su vino. Esta estrategia podría resultar una obviedad y de lo más sensata si no fuese por el sabido dicho que reza “quien no arriesga no gana”, así como por los beneficios que pueden encontrarse en mercados menos trillados o frecuentados por nuestra competencia.