California arranca viñedos a toda velocidad y ahora teme haberse pasado de frenada
Tras dos años de fuertes arranques para combatir la sobreoferta, algunos productores californianos advierten de que el ajuste puede estar acercándose demasiado al límite. El estado podría pasar de tener demasiada uva a enfrentarse a una falta de materia prima si la demanda se estabiliza.
California está viviendo una de las mayores correcciones de su historia reciente. Después de varios años de exceso de oferta y caída de las ventas de vino, los viticultores han acelerado el arranque de viñedos para reducir superficie y recuperar el equilibrio entre producción y consumo. El problema es que el ajuste está siendo tan rápido que algunos operadores ya temen haber ido demasiado lejos.
Los datos muestran la magnitud de la operación. Entre octubre de 2024 y agosto de 2025 se retiraron 38.134 acres de viñedo destinado a uva de vinificación, unas 15.400 hectáreas, según el proyecto de cartografía vitícola realizado por Land IQ junto a las organizaciones de productores californianas. En agosto de 2025 quedaban unas 477.475 acres de viñedo de vinificación en producción o plantado, alrededor de 193.000 hectáreas.
Y el proceso no se ha detenido.
Allied Grape Growers, que agrupa a unos 400 productores, calculaba a comienzos de 2026 que durante este año podrían retirarse otras 40.000 acres, cerca de 16.200 hectáreas. La organización había reclamado anteriormente reducciones todavía mayores para corregir el desequilibrio acumulado entre la oferta de uva y una demanda de vino que lleva años debilitándose.
El origen del problema está en el cambio de consumo. La OIV estima que en 2025 se consumieron en el mundo 208 millones de hectolitros de vino, un 2,7% menos que en 2024 y el nivel más bajo de su serie desde 1961. Al mismo tiempo, la superficie mundial de viñedo cayó por sexto año consecutivo, hasta unos 7 millones de hectáreas. El sector está, en definitiva, haciendo lo lógico ante una demanda menor: reducir producción y superficie.
Pero California se encuentra ahora ante una paradoja. La demanda puede haberse reducido de forma estructural, pero nadie sabe todavía dónde está el nuevo punto de equilibrio. Peter Ekman, CEO de Spring Mountain Vineyard, ha advertido de que la superficie productiva californiana podría situarse a finales de 2026 entre 400.000 y 420.000 acres. En su opinión, teniendo en cuenta además los viñedos inactivos o abandonados, el estado podría estar mucho más cerca del equilibrio de lo que sugieren las cifras históricas de superficie.
La situación se complica porque un viñedo no se puede recuperar de un año para otro. Si la demanda se estabiliza o vuelve a crecer mientras continúa el arranque, California podría encontrarse con una oferta insuficiente de uva en las próximas campañas. La preocupación no significa que vaya a producirse necesariamente una escasez de vino: todavía existen existencias de vino a granel y la demanda continúa siendo inferior a la de hace unos años. Pero sí plantea un riesgo muy concreto para las bodegas que necesitan asegurar uva de calidad y para los productores que sobrevivan al ajuste.
California ofrece así una lección que afecta a todo el sector mundial: reducir la oferta puede ser necesario cuando el consumo cae, pero arrancar viñedos es una decisión prácticamente irreversible a corto plazo. Europa, Australia, Estados Unidos y otros grandes productores están afrontando el mismo dilema: cuánto viñedo necesita el nuevo mercado del vino. La experiencia californiana demuestra que el peligro no está únicamente en producir demasiado; también existe el riesgo de corregir la oferta con tanta rapidez que, cuando la demanda encuentre de nuevo su suelo, no quede suficiente capacidad productiva para responder.

Redacción La Gaceta del Vino
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