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Las Denominaciones de Origen, patrimonio a proteger

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En la variedad está el disgusto
En la variedad está el disgusto

Parece ser que hay una tendencia encaminada a cargarse las denominaciones de origen. Polémicas no faltan. En este medio rara es la semana sin alguna noticia u opinión al respecto.

Sin embargo las DO, de entrada, son un bien a proteger como filosofía, sin matices. Otra cuestión es que falten, sobren, sean demasiado grandes, demasiados pequeñas, demasiado rígidas, demasiado flexibles. Para eso habría que diseccionar una a una y, siempre, deberían ser los propios interesados quienes tendrían que definirse.

Históricamente Europa, que es la cuna del vino y de su cultura tal y como los entendemos en el mundo moderno, siempre ha asociado el vino a su origen. Desde los banquetes reales a las tascas de cualquier ciudad pequeña. Recuerdo la “bodega” de Mesón de Paredes esquina a Tribulete donde se podían comprar a granel vinos de Noblejas, San Martín de Valdeiglesias o Navalcarnero hace más de 30 años.

Después, con teleseries como Falcon Crest incluida, llegó la moda de los varietales y se intentó ligar el vino al varietal de vinífera con que se había elaborado. El resultado ha sido devastador, el ejemplo de la Verdejo es paradigmático: ¿qué se pide en un bar? ¿qué se busca en lineal? ¿un Rueda o un Verdejo? Un Director de Exportación me decía literalmente “el consumidor es vago, se aprende mejor quince varietales que 50 denominaciones y, por suerte, el Tempranillo está entre ellos”. Resultado: la superficie de Tempranillo en Rioja pasa del 40% al 80% en los últimos 30 años, la Garnacha pasa del 20% al 6%, desaparecen viñas viejas y la diversidad ampelográfica queda limitada a unos clones y no precisamente los mejores. Y en La Mancha y Valdepeñas se cargan la Cencibel.

En otras palabras, las denominaciones permiten asociar el vino a la tierra y esto es un patrimonio de valor incalculable –de eso en Jerez saben- que hace que la producción de vino de esa zona sea imposible de deslocalizar, de usar comercialmente su nombre por parte de otras regiones ¡ese riojano nostálgico qué metedura de pata en Argentina! Y de evitar que, si el varietal se pasa de moda  -del Cabernet al Petit Verdot, del Chardonnay al Sauvignon-, siempre nos quedará el origen, como París a Bogart y la Bergman.

Pero no hay que dormirse, aparte de existir las DO tienen que estar bien regidas. Deben conciliar intereses enfrentados y plantearse perspectivas de futuro y las polémicas hay que saber encauzarlas. Eso no es fácil, entre una polémica profesional, sobre el modelo de una denominación, y otra estilo Sálvame media un abismo. Hay un ejemplo palmario de polémica mal llevada y lamentablemente ha sido en Rueda. La cosa comienza mal: despidos, denuncias, intentando poner sordina a una añada muy difícil, sigue poniendo la “solución” en manos de los políticos y acaba, de momento, en gresca con los medios de comunicación. Eso nunca es bueno, aunque otros comunicadores intenten poner mesura o paños calientes.

Mejor llevada ha estado la polémica desatada por el anuncio de la posible salida de Artadi de la DOCa Rioja. Esta ha sido respondida por el Consejo con el estudio de la posibilidad de elaborar “vinos de municipio”, abriendo una nueva puerta en lugar de cerrarla. Aunque como bien dice Antonio Remesal  “El hecho de que Rioja sea una denominación en la que tradicionalmente se han mezclado uvas de distintas variedades y procedencias ha impedido reforzar el vínculo de los vinos con su origen y ha sido posiblemente el motivo por el cual no se ha dado mayor protagonismo en la normativa de la DOCa a este término vitivinícola fundamental: el terroir”. Ahora bien, al ser una DO multiautonómica, vienen los problemas legales como comenta Javier Pascual y los políticos deberían limitarse a dejar la posibilidad abierta y que decidan los afectados en lugar de erigirse en portavoces de estos.

No parece muy inteligente matar, o dejar que muera, un modelo que ha permitido y fomentado el desarrollo de los vinos de calidad en España y contribuido al progreso de un sector que no hace tanto tiempo andaba en pañales.

 

 

Javier Escobar  
Químico Industrial y Enólogo

 

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