VRIAC: el viñedo que quiere cambiar las reglas frente al cambio climático
Más de 7.000 variedades, doce años sin tratamientos antifúngicos y los primeros vinos experimentales apuntan hacia una nueva viticultura
Barcelona, 3 de septiembre de 2026.– ¿Puede una vid mantener la identidad de una variedad autóctona y, al mismo tiempo, incorporar resistencia natural frente al mildiu y el oídio? Esa es una de las preguntas que lleva casi quince años intentando responder el proyecto VRIAC (Variedades Resistentes y Autóctonas Adaptadas al Cambio Climático).
La iniciativa, impulsada por Albet i Noya junto a otros elaboradores y el obtentor suizo Valentin Blattner, ha entrado ahora en una nueva fase. En su viñedo experimental de Lavern, en el Penedès, se han reunido más de 7.000 variedades, y los responsables del proyecto destacan que las plantas llevan alrededor de doce años sin tratamientos antifúngicos.
El objetivo va mucho más allá de reducir productos fitosanitarios. El proyecto busca obtener nuevas variedades mediante cruzamientos naturales, combinando la resistencia de determinadas vides con el carácter de variedades como xarel·lo, macabeo, parellada, tempranillo o garnacha. Desde 2013 se han realizado más de 300.000 cruces dentro del programa.
Del viñedo a la copa
La gran novedad de esta tercera jornada profesional ha sido que la investigación ya no se limita al comportamiento de las plantas. Los profesionales pudieron catar también los primeros vinos experimentales elaborados con algunas de estas variedades resistentes.
Es un paso importante: la resistencia frente a las enfermedades es solo una parte del reto. Para que estas variedades lleguen realmente al mercado tendrán que demostrar también que pueden producir uvas de calidad y vinos con personalidad y conexión con el territorio.
El proyecto plantea, además, una reducción superior al 90% de los tratamientos de cobre y azufre, junto con un menor uso del tractor, menor compactación del suelo y una reducción de emisiones.
Una cuestión que ya no es solo catalana
La experiencia está despertando interés fuera de Cataluña. La jornada reunió a cerca de un centenar de profesionales y contó con presencia de representantes de otras regiones españolas y de países como Francia e Italia. Algunas de las nuevas variedades ya están inscritas en el registro europeo y el proyecto contempla que determinadas selecciones puedan llegar al mercado a partir de 2029.
El interés de VRIAC reside precisamente ahí: en intentar demostrar que la adaptación climática no tiene por qué significar renunciar a la identidad vitivinícola.
En un escenario de más calor, sequía, adelanto de la maduración y creciente presión para reducir los tratamientos, las variedades resistentes pueden pasar de ser una línea de investigación a convertirse en una herramienta agronómica de primer orden.
El verdadero examen, sin embargo, comenzará cuando estas nuevas vides abandonen el viñedo experimental y tengan que demostrar en condiciones comerciales si son capaces de ofrecer algo que el sector necesita cada vez más: menos tratamientos, mayor resiliencia y vinos que sigan hablando de su territorio

Redacción La Gaceta del Vino
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