La candidatura de los vinos generosos a la Unesco toma impulso mientras el mercado global premia la oxidación
El sector de los vinos fortificados y generosos está viviendo un momento de efervescencia institucional y comercial. Mientras las principales regiones productoras de Europa avanzan en su ambicioso proyecto de lograr el reconocimiento de la Unesco, los datos de consumo reflejan un cambio de tendencia que está devolviendo a estos caldos a la primera línea de la actualidad enológica.
Una candidatura en fase de maduración
Desde finales de 2024, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Jerez-Xérès-Sherry, junto con las DO de Montilla-Moriles y Málaga, ha estado trabajando en la elaboración de un expediente conjunto para que el «sistema de criaderas y soleras» sea declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Según fuentes oficiales del sector, el proceso se encuentra en una fase avanzada de redacción del dossier, con la previsión de presentarlo formalmente ante la Organización de las Naciones Unidas en el próximo año.
Esta iniciativa no es un gesto aislado. Portugal, a través del Instituto dos Vinhos do Douro e Porto (IVDP), ya ha manifestado su apoyo a esta causa, reconociendo que el sistema de soleras es un patrimonio compartido entre ambos países. La inclusión de este legado en la lista de la Unesco supondría un espaldarazo definitivo para proteger los oficios, las técnicas de criaderas y los paisajes vitivinícolas que han perdurado durante más de tres siglos en el Marco de Jerez y el Valle del Douro.
El mercado confirma el resurgir de la categoría
El interés institucional corre paralelo a los datos de mercado, rompiendo la tendencia de estancamiento de años anteriores. El repunte ha sido especialmente significativo en las categorías de Vino Fino y Manzanilla, pero también en los Amontillados y Olorosos, que están ganando cuota de mercado.
En el ámbito internacional, este crecimiento se atribuye a un cambio en el perfil del consumidor, que busca vinos con mayor complejidad aromática y una historia detrás, alejándose de la homogeneización de los vinos jóvenes y afrutados.
La gastronomía impulsa el consumo
Las grandes referencias de la alta cocina internacional han contribuido decisivamente a este resurgir. Restaurantes con estrella Michelin en España y el extranjero han incorporado los vinos generosos en sus cartas de maridaje, no solo como aperitivo, sino también como acompañamiento de platos principales. En particular, el maridaje de Amontillado con setas, alcachofas y pescados azules se ha convertido en un clásico de la nueva cocina española, mientras que los Olorosos secos están siendo reivindicados para acompañar carnes de caza y estofados, redefiniendo su tradicional asociación con los postres.
Un valor añadido: la longevidad
El sector también está capitalizando una de las ventajas diferenciales de estos vinos: su capacidad de permanecer en perfectas condiciones mucho tiempo después de ser abiertos. En un mercado donde la botella a medio terminar es un problema habitual para el consumidor doméstico, los vinos generosos ofrecen una solución única, ya que pueden conservarse abiertos durante semanas sin perder sus cualidades organolépticas.
Con la mirada puesta en la Unesco y los datos de ventas en positivo, el futuro de los vinos generosos y oxidativos parece más prometedor que nunca. El sector confía en que, con el reconocimiento internacional y la consolidación de su nuevo posicionamiento gastronómico, estos caldos recuperen el lugar de prestigio que merecen en la mesa del siglo XXI.

Redacción La Gaceta del Vino
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