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Castilla-La Mancha lleva a Europa la batalla por el futuro del vino desde Tomelloso

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La sexta reunión del Intergrupo del Vino del Comité Europeo de las Regiones reunió en Virgen de las Viñas a representantes europeos y puso sobre la mesa la futura PAC, el cambio climático, el consumo, el relevo generacional y la necesidad de abrir nuevos mercados.

 

Tomelloso se convirtió el pasado 1 de octubre en escenario del debate europeo sobre el futuro del vino. La Cooperativa Virgen de las Viñas acogió la sexta reunión del Intergrupo del Vino del Comité Europeo de las Regiones, coincidiendo con una reunión de la Comisión de Recursos Naturales (NAT). Era la primera vez que este foro se celebraba en Castilla-La Mancha, una circunstancia especialmente relevante para una región que cuenta con unas 437.000 hectáreas de viñedo, 80.000 viticultores y cerca de 500 bodegas, y que representa, según los datos aportados por el Gobierno regional, el 57% de la producción española de vino.

La reivindicación principal salió de boca del consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Julián Martínez Lizán: que la futura arquitectura financiera europea mantenga un fondo específico y suficiente para el sector vitivinícola. Castilla-La Mancha reclama que el futuro Fondo Europeo de Prosperidad y Seguridad Sostenible, Territorial, Social, Rural y Marítimo, en el que se integrará la PAC, preserve la financiación específica que hasta ahora ha tenido el vino a través de la Intervención Sectorial Vitivinícola. El argumento es que el sector necesita instrumentos propios para afrontar desafíos que no son coyunturales, como el cambio climático, la transformación de los hábitos de consumo y el relevo generacional.

La posición de Castilla-La Mancha tiene además un respaldo institucional dentro del propio Intergrupo. La región asumió el pasado 1 de julio la Vicepresidencia, junto a Piamonte, bajo la presidencia de la región austríaca de Burgenland. El organismo reúne a representantes de 13 países y nació en 2025 con el objetivo de defender los intereses de las regiones vitivinícolas ante las instituciones comunitarias. Para Martínez Lizán, esta responsabilidad permite a Castilla-La Mancha participar en la definición de la agenda política del sector y trasladar directamente a Bruselas las preocupaciones de los territorios productores.

Pero el debate de Tomelloso fue más allá de las ayudas. El consumo de vino y la necesidad de conectar mejor con los nuevos consumidores aparecieron entre las principales preocupaciones. Ángel Villafranca, presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de España y de Castilla-La Mancha, defendió la necesidad de conservar a los consumidores actuales y conseguir nuevos públicos, mientras puso de relieve la dimensión territorial del sector: más de 200 cooperativas y más de 80.000 viticultores en Castilla-La Mancha. El mensaje es claro: la supervivencia del viñedo no depende únicamente de producir, sino de encontrar consumidores y mercados capaces de sostener su valor.

También hubo espacio para hablar de cambio climático, agua y relevo generacional. Rafael Torres, presidente de Virgen de las Viñas, señaló estos factores, junto con la evolución de los precios, entre los grandes retos del sector y explicó que durante la vendimia la cooperativa estaba recibiendo entre siete y ocho millones de kilos de uva diarios. Desde el Gobierno central, la secretaria de Estado de Agricultura, Begoña García Bernal, ya había defendido en Tomelloso la necesidad de adaptar el vino a los gustos del consumidor y reforzar la integración cooperativa para ganar competitividad en los mercados internacionales.

Otro de los argumentos planteados por Castilla-La Mancha fue la necesidad de poner en valor el origen. Martínez Lizán defendió que, en un mercado global, una de las principales fortalezas del modelo vitivinícola europeo es precisamente su capacidad para vincular el producto con su territorio. Las indicaciones geográficas y las denominaciones de origen, sostuvo, no deben entenderse únicamente como figuras de protección, sino también como instrumentos capaces de generar valor añadido, mejorar el posicionamiento comercial y contribuir al desarrollo de las zonas rurales.

La reunión de Tomelloso deja así una conclusión que va más allá de una reivindicación presupuestaria. El vino europeo se encuentra ante un cambio de escenario en el que ya no basta con defender la producción: hay que defender el valor, el territorio y la capacidad de adaptación del sector. Castilla-La Mancha, que desde julio ocupa una de las vicepresidencias del Intergrupo del Vino, quiere aprovechar esa posición para que cuestiones como el consumo, el cambio climático, las nuevas generaciones, la promoción y la apertura de mercados tengan un mayor peso en la agenda comunitaria. Y el próximo paso será comprobar hasta qué punto esas reivindicaciones se incorporan al diseño de la política europea posterior a 2027.

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