Qué bebemos por Sanfermines
Muchas veces, mucha gente, me pregunta qué vinos son mis preferidos para disfrutar en los Sanfermines, las fiestas sin igual de Pamplona.
Hace muchos años, cuando yo empecé a disfrutar de estas fiestas, me bebía hasta el agua de los floreros, con el tiempo, por razones profesionales, empecé a respetar el alcohol, ya fuera en forma de vino o de destilados, y me volví más exigente.
Si eres exigente, si conoces el vino, es muy difícil que te bebas hasta el agua de los floreros. La clave es el conocimiento, eso quita miedo y combate también el abuso.
Una vez me quisieron hacer una pequeña trampa para descubrir sangrías naturales de las de caja, en un gran centro comercial. Estaba difícil, pero me orienté por el instinto. Eliminé las dos que había «perfectas» y me puse a catar las otras, en las que se adivinaba restos de pulpa del limón y la naranja, por ejemplo.
Yo ahora me cuido más y me prevengo contra las bebidas gaseosas o las que tienen azúcar añadido, por eso no soy muy de sangrías, pero con este calor, cualquiera le hace ascos a una bebida así, si está muy fría.
Pero no me enrollo más. Voy a los vinos y espirituosos.
En mi región, Navarra, se están elaborando vinos muy ricos, gente joven que se atreve a innovar. Ya he catado este año, en las fiestas, vinos blancos de Garnacha blanca, de San Martín de Unx, y Chardonnays muy ricos. Esta última es una uva que se cría muy bien en Navarra, quizás sea por los ancestros franceses de Evreux o de la Champaña. Es una explicación quizás.
La garnacha tinta nos da vinos en Navarra muy especiales. Ya sabéis que la garnacha no vino aquí de Francia, la trajeron los fenicios al delta del Ebro y subió por todo este río aposentándose en Cataluña, en Aragón, en Navarra y en Rioja, produciendo vinos extraordinarios. De aquí pasó al Francia, al Ródano y se convirtió en la grenache. Ahora si se sabe trabajar muy bien esta variedad de uva. La pericia de los jóvenes viticultores, su descaro y su ilusión por hacer cosas nuevas, hicieron que trataran a esta variedad de uva tinta como una gran señora, con majestuosidad, con resultados extraordinarios. Me encantan las garnachas de Nekeas, de San Martín de Unx, de Artazu, Viña Zorzal, por citar algunas importantes. Concha Vecino, Gonzalo Celayeta, Luis Moya, Juan Glaría, los hermanos Sanz Larrea, Juan Carlos López de Lacalle y otros, han sido precursores en esto de criar vinos de Garnacha en barrica, para escándalo de algunos viejos viticultores. Y hoy les siguen muchos más y logran reconocimientos. Y, como excepción, el Puro Vicio de Bodegas Inurrieta, elaborado con la variedad Syrah, una maravilla, una fiesta.
Si salimos de mi zona de confort, citaré los vinos de Viña Ijalba en Rioja, del Mozo Wines en Elciego, de Loli Casado en la Puebla de Labarca; de Luis Oliván en Bespén, Huesca; Monasterio de Corias en Cangas de Narcea, Asturias. Me encantan los txakolis, aunque no me gustan como les maltratan en muchos bares, sobre todo en Gipuzkoa que no han entendido que no es sidra sino vino, y que hay que servirlo en copa; me gustan los txakolis de costa, y los del interior, de Oñati, por ejemplo, me gustan mucho los de Bakio y los de Araba, más recientes pero muy pujantes. Y tantos y tantos. Soy poco conocedor de los vinos de Jerez o de Montilla Moriles, solo sé que me encantan, en mi casa siempre hay una botella de manzanilla.
Yo soy de la opinión que los mejores vinos son los que más te gusten. Haced la prueba. Las explicaciones que vienen después son para nota, pero lo importante es que te gusten o no te gusten. Los vinos no son para «tragarlos», hay que degustarlos, mirarlos, olerlos y beberlos, para disfrutar de todo su potencial.
Lo de los espirituosos ya es de más enjundia, confieso que no soy experto; como soy mayor, soy más de brandy, y si es de Jerez, mejor, pero no hago ningún asco al Armagnac. El Ron americano, de Guatemala, de Colombia… los hay muy ricos. El aguardiente de caña, el viche vallecaucano me encanta; los tequilas son estupendos, mejor reposados; y los whiskys, sobre todo escoceses, pues están muy bien. Los aguardientes de hierbas, los detesto, son un montón de azúcar, con más azúcar.
Es muy recomendable mirar las etiquetas, para ver composición, origen y graduación alcohólica.
Las fiestas es una buena ocasión para salirse de la norma y degustar cosas bonitas, ricas y originales.
¡Vivan las fiestas de San Fermín!

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