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Vinos top: ¡Cuidado con la cartera!

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Si hay cuadros por los que se pagan cifras astronómicas, ¿por qué no va a ocurrir lo mismo con una botella de vino?

Dice Custodio López Zamarra, sumiller de Zalacaín y hombre sabio donde los haya, ya que sabe más el diablo por viejo que por diablo (y eso que el villatobense, de Villatobas –Toledo- está en la flor de la juventud) que ningún vino tranquilo debe costar más de 30 euros en bodega. Y no le falta razón. Si sumamos el precio de la uva, la más cara que ustedes se imaginen, la botella, la cápsula, la etiqueta (con un diseño de la leche) y la concepción del vino propiamente dicha, pues ese es su precio. Pero en el vino, que es un arte y además, como está vivo, en constante evolución, hay mucho más que eso, incluido mucho glamour, por lo que a la hora de elegir, ¡cuidado con la cartera!

PetrusLa gente se escandaliza cuando oye que la famosa sala Sotheby´s ha subastado un Château Lafitte de 1787, que ya debe estar cojonudo a estas alturas, por el módico precio de 120.000 euros. O que la misma sala ha hecho lo propio con un Château d´Yquem de la misma añada, que al tratarse de un vino botrytizado y con un alto grado de acidez, puede que esté hasta bueno, por 75.000 eurillos del ala. Y te dicen indignados que es un escándalo, un escarnio, una tomadura de pelo para cualquier mortal, que ya tiene que ser bueno…

Sin embargo, si un día un ricachón puja por un brochazo de Picasso sobre un lienzo blanco, que de arte sólo lleva su firma y que, hasta con suerte, puede no ser una falsificación del genial belga Stan Lauryssens, y se lo lleva a su mansión por 50 millones de euros, un suponer, pues la cosa no pinta, nunca mejor dicho, tan mal. Y es que el concepto de arte es muy amplio. E, igual que genios de la talla del pintor malagueño, o Dalí, o Matisse o Cézanne o Paul Klee son capaces de vender sus cuadros por cifras astronómicos ¿por qué no va a ocurrir lo mismo con una botella de vino que, primero con su presencia y luego con su degustación, te puede llevar al éxtasis, tras un incontable número de orgasmos por el camino?

Si la discusión la hacemos sobre lo caro o barato que es un vino afamado en relación con el arte o con cualquier objeto de deseo en el que exista más demanda que oferta (incluidos los inmuebles adquiridos en la época del auge del ladrillo por aquellos que no tenían entre sus manos otro bien que la hipoteca que el banco de turno les había puesto), pues los vinos, en general, son baratos. Yo diría, incluso, que muy baratos. Ahora, si el debate es de mayor calado y hablamos sobre la relación calidad/precio de los vinos, pues la respuesta en otra muy distinta y habría que partir de la premisa de nuestro buen amigo Custodio.

En los vinos grandes del mundo, en general, y en los de España, en particular, hay mucho arte, mucha calidad, mucha singularidad, muchos matices que diferencian una marca de las demás, y una sabia demanda que sabe distinguir lo que quiere, cuándo lo quiere y cuánto está dispuesto a pagar por ello. Y en esta reflexión se incluyen también a los nuevos ricos y a toda una caterva de jilipollas que serían capaces, como en la película Entre Copas, de beberse un Cheval Blanc de 1947, sabiamente mezclado con gaseosa o coca-cola, con una hamburguesa y a morro. Porque sobre gustos, ya se sabe, hay demasiado escrito.

Romanée ContiTras los 30 euros de marras que señala Custodio, hay una serie de variables a tener en cuenta a la hora de fijar el precio de un vino. Por ejemplo, su marca; su enólogo, la cantidad de botellas elaboradas, su añada, el tiempo que lleva en el mercado, su estado de conservación, sus existencias actuales, su calidad y el momento en que va a venderse. La crisis, que dicen no ha afectado a los ricos, ha hecho precisamente a la sala Sotheby´s de nuestros desvelos retirar de la subasta varios lotes de vinos al no lograr precio de salida o vender algunas de las botellas ofertadas un 40 por ciento más barato que hace ocho meses.

No sé si un Romanée Conti de 2003 vale 3.283 euros ni si un de 2005 vale 2.242 euros, pero si tuviera posibilidad de pagarlos me los llevaría a casa. Y de paso igual complementaba con algunos Château Latour, Château Mouton Rotchilds, además de unos cuantos Monfortinos y Antinoris y un capacho de Vega Sicilia Único, L´Ermita y Pingus, para acompañar. Y es que si pudiera no tendría ningún inconveniente en casar unos cuantos cuadros de Bacon, Juan Gris, Wharhol o Liechtenstein con los vinos antes citados y brindar a la mayor gloria de Sarkozy, Elena Salgado y demás feligreses de la Iglesia Abstemia.

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