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Las claves del éxito del Concurso Mundial de Bruselas

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El Concurso nació en 1994 y cada año participan cerca de 6000 vinos de todo el mundo que representan a más de 500 millones de botellas comercializadas

Los concursos de vino, en general, son una lotería por muchas causas. El éxito o no de un vino depende, en buena medida, del lugar en que le corresponda ser catado, ya que a nadie se le oculta que el grupo de catadores que puntúa en cada mesa necesita un tiempo hasta acoplarse y que, en muchas ocasiones, los primeros vinos que llegan son puntuados con cierta cautela, hecho que propicia que si luego llegan otros de igual o similar calidad tengan ventaja a la hora de obtener una mejor puntuación. Pero dicho esto hay concursos y concursos, independientemente de que lleven el sello de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) o de la Asociación de Grandes Concursos, que preside la francesa Beatrice da Ros. Y en este caso, el Concurso Nacional de Bruselas, que ya no se celebra en la capital belga sino que rota por otros países, ha conseguido asentarse como uno de los grandes referentes mundiales.

El Concurso Mundial de Bruselas nació en 1994 y cada año sitúa en competición cerca de 6.000 vinos y bebidas espirituosas de todo el mundo que representan a más de 500 millones de botellas comercializadas en cualquier parte del mundo; con un panel de cata formado por 250 expertos procedentes de 40 países y con profesiones como enólogos, sumilleres, profesores universitarios, líderes de opinión o periodistas, entre otras.

La diversa procedencia de los miembros del jurado garantiza la diversidad de gustos y tendencias a la hora de evaluar un vino aunque, como resalta el investigador Christian Ritter, de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, “existe un consenso en materia de puntuaciones que establece categorías entre los vinos: ¡un vino malo es malo, un buen vino es bueno!”. Las posibles disensiones en la puntuación final de algún vino son, según los responsables del Concurso, muy raras. No obstante, la organización ha establecido un procedimiento de evaluación, en colaboración con un equipo de investigadores del Instituto de Estadísticas de la Universidad de Lovaina, que define la precisión, la coherencia y la repetición de las notas de cada catador.

Pero no se queda ahí el afán del Concurso, que en 2010 tendrá por escenario la ciudad italiana de Palermo, sino que su organización ha establecido un control a posteriori de los vinos premiados y la legitimidad de sus resultados mediante la compra en establecimientos públicos de algunas de la muestras, que se someten a análisis químicos por un laboratorio independiente. Así, en el Concurso de 2009 se analizaron más de 200 muestras de vinos premiados; un 4% de ellas se sometió a un análisis complementario por las diferencias constatadas entre el primer análisis y la cata y, al final, sólo cuatro de ellas presentaron diferencias significativas por lo que la organización contactó con los productores para que se explicaran. Este hecho salva la sospecha de algunos consumidores de que existen bodegas que crean vinos para concursos que nada tienen que ver con los que luego comercializan.

España participó en la edición de 2009 con un total de 1.245 vinos procedentes de toda la geografía, pero con especial incidencia en Castilla y León, Rioja y Cataluña, y obtuvieron 16 Grandes Medallas de Oro, 127 medallas de Oro y 234 medallas de Plata, por delante de Francia, pese a que este país presentó un total de 2.038 muestras, mientras Italia se situó en tercer lugar con 604 marcas. Además, el Protos Crianza, de Ribera de Duero, ocupó la primera posición como Mejor Vino Tinto del Concurso 2009.

Estas son algunas de las razones que han llevado a buena parte de las bodegas españolas a considerar que el Concurso Mundial de Bruselas, que también tiene sus críticos (especialmente los concursos nacionales o internacionales del país donde cada año este va de forma rotatoria), merece la pena por sus dimensiones y por la credibilidad de sus puntuaciones. Es verdad, que hasta hace pocos años, muchas marcas de prestigio se negaban a participar en concursos aduciendo que no les hacía falta para vender. La crisis económica y la mayor competencia en los mercados internacionales han servido, justamente, para que los concursos, en general, y el Concurso Mundial de Bruselas, en particular, ganen adeptos y muestras, muchas de ellas, curiosamente, pertenecientes a las bodegas y marcas más punteras de cada país. Y es que el mercado y la mercadotencia mandan. Y cómo.

 
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