La OIV ratifica que cae la producción, el consumo, las ventas y el precio en España durante 2009
Según el el Informe sobre Coyuntura Mundial en 2009 España ha perdido casi el 5% de superficie vitícola, un 9% de producción, un 12% de consumo y un 11% de ventas exteriores.
Federico Castellucci, el hombre que ha sido capaz de cambiar radicalmente para bien la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), con la ayuda de profesionales como el español Ignacio Sánchez Recarte, acaba de presentar en París el Informe sobre Coyuntura Mundial en 2009 que viene a decir, como corolario perfecto a la Semana de Pasión, que España ha perdido casi el 5% de superficie vitícola, un 9% de producción, aunque todo apunta a que podría ser menos, un 12% de consumo y un 11% de ventas exteriores, con una fuerte reducción del precio de venta.
Todos estos datos, sólo comparables a las cifras macroeconómicas con que nos martillean cada día los telediarios, mientras Zapatero y la abstemia Elena Salgado se empecinan en decir que ya asoman los brotes verdes, retratan la situación desgraciadamente caótica en que se encuentra sumido uno de los sectores más dinámicos y emprendedores de la economía española. Y por muchas vueltas que se les den reflejan una realidad negra que apenas admite matices grises.
Muchos periódicos generalistas, guiados por la agencia oficial de noticias EFE, que cada vez se entera menos de lo que va la vaina, han titulado el informe por la caída de la producción, que es justamente el único punto que menos preocupa al sector. Primero, porque se trata de un balance provisional que será corregido al alza en los próximos meses, una vez que esa organización de reinos de taifas, que es nuestra España autonómica, aporte en tiempo y forma las cifras reales. Y segundo, porque es más grave un aumento de la producción en tiempos de crisis que una cosecha algo reducida que cuente con mejores precios y no tenga que almacenar parte de la mercancía recogida a la espera de mejores tiempos.
La primera preocupación debe venir de la reducción, parte de ella con primas de arranque, de la desaparición de 52.000 hectáreas de viñedo en un solo año, casi todas ellas correspondientes a zonas de monocultivo situadas en Castilla-La Mancha donde la alternativa a la vid es el desierto, justamente en áreas donde la única masa forestal existente es el viñedo. Y todo ello se ha realizado con la aquiescencia del Gobierno central, la indiferencia de la oposición, la mirada al cielo del Gobierno autonómico y las vacaciones de las organizaciones agrarias, que no han exigido con grandes y contundentes movilizaciones el mantenimiento, mediante mecanismos de vendimia en verde acompañadas de ayudas agroambientales, de la superficie vitícola española en su totalidad.
La segunda preocupación debe apuntar al consumo interno de vino que por enésima vez ha caído desde los 12,79 millones de hectolitros de 2008 a los 11,3 millones de hectólitros del pasado año, un 11,65% para ser exactos. Esta cifra, pese a la versión oficial que apela a la caída paulatina del consumo en el grupo de productores tradicionales, no debe ocultar que la bajada da vértigo y que las únicas medidas de apoyo recibidas por la Administración central pasan por ratificar la prohibición de anunciar vino o cava entre las seis de la mañana y las ocho y media de la tarde para acompañar esa Ley Seca que desde hace años han perseguido políticos de la talla de Elena Salgado y de Mariano Rajoy, entre otros. Eso sí, un niño no debe ver en televisión un anuncio de vino, no sea que le incite al alcoholismo, pero sí puede ver una película de psicópatas o una animada tertulia intelectual con pensadores de la talla de Belén Esteban o Coto Matamoros en horario de sobremesa.
Pero la cifra más alarmante de todas, y que esperamos y deseamos no se ratifique en 2010, corresponde a las ventas exteriores del vino español, llamado a ser líder mundial de ventas en volumen en un periodo aproximado de cinco años, que han caído un 11% y han pasado de los 15,2 a los 14,4 millones de hectolitros, con una pérdida en valor todavía más acentuada, ya que el vino que se ha vendido ha sido, además, a un precio muy inferior al del año 2008. Y crisis sí, pero la caída media de intercambios comerciales ha sido del 3,6%, casi 7,5 puntos menor a la española, con datos preocupantes en competitividad como es la subida de Italia, que en 2008 apenas nos ganó por un pelo en ventas, de 15,6 a 18,6 millones de hectolitros; de Chile que ha conseguido un récord en ventas con casi 7 millones de hectólitros, un millón más que en 2008 o Australia que ha vuelto por sus fueros y se ha situado ya en 7,75 millones de hectolitros, su nivel de 2007.
Dice el informe de la OIV que el mayor crecimiento de las ventas, en un contexto de recesión económica y de preocupaciones medioambientales, se ha dado precisamente en el vino a granel, ya que ha aumentado su demanda en mercados como el norteamericano, llamado a ser el mayor consumidor del mundo en el plazo de dos años, el británico y el alemán. El hecho de embotellar en destino o de revalorizar la imagen del paisaje son dos conceptos que ganan adeptos en la sociedad y que están siendo impulsados por negociantes y distribuidores a la hora de vender vino, hecho que han aprovechado, y muy bien además, países como Australia y Chile.
Pese a todo, no debemos dejarnos invadir por el pesimismo y mirar hacia adelante con aptitudes positivas como el éxito de público y ventas de la última edición de FENAVIN en Ciudad Real, la consolidación de la World Bulk Wine Exhibition, como único referente de la venta transparente del vino a granel a nivel mundial y con las expectativas creadas tras la buena marcha de Intervin en Barcelona donde el movimiento de profesionales ha crecido de forma notable.

Periodista. Miembro de AEPEV y FIJEV
Suscribirse
Reciba nuestras noticias en su email