Polémica servida ¿Culpa del vino o medida de salud? París no entra en una ley seca, aplica un «toque de queda etílico» por la ola de calor. Estos días pasados
Ante la pregunta que ronda en redes y tertulias: ¿Tiene la culpa el vino para prohibirlo? ¿Entramos en una ley seca? La respuesta contundente desde París es no y no. Lo que está ocurriendo en la capital francesa no es una cruzada moral contra el alcohol, sino una medida sanitaria de emergencia ante un evento climático extremo
¿Qué prohíbe exactamente el decreto?
La prefectura de policía de París ha restringido el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública y la venta para llevar (takeaway) durante los picos de calor. El decreto, vigente desde el 26 de junio, se activa en horario diurno (de 12:00 a 07:00) y se extiende durante el fin de semana. Importante: bares y restaurantes con licencia pueden seguir sirviendo alcohol dentro de sus establecimientos. No es una prohibición general, sino un cerco a la ingesta en plazas, calles y parques.
¿Por qué se hace? (Y aquí la clave)
El prefecto de policía, Patrice Faure, fue claro al medio BFMTV: el objetivo es reducir la presión sobre los servicios de urgencias y hospitales. Con termómetros rozando los 41°C en París y el Louvre o la Torre Eiffel recortando horarios, las autoridades no quieren que la gente intente «calmar la sed» con alcohol.
Desde el punto de vista médico, el alcohol es un diurético que acelera la deshidratación y dilata los vasos sanguíneos, aumentando la sensación de calor. En plena alerta roja de Météo-France, lo que se busca es evitar que un simple gesto social acabe en un golpe de calor que colapse el sistema sanitario.
Entonces, ¿es culpa del vino?
No. El vino (y la cerveza o el licor) no son los causantes de la prohibición; son el vector de un riesgo. La culpa la tiene el calor extremo. De hecho, la medida es tan específica que el ministro del Interior, Laurent Nuñez, ha recomendado a otros prefectos franceses que imiten la norma. No es un ataque a la cultura vinícola gala, sino un escudo ante una emergencia meteorológica.
¿Estamos ante una «Ley Seca» (Prohibición) al estilo de los años 20? Rotundamente no. La Ley Seca estadounidense fue una prohibición total, constitucional y permanente de la producción, transporte y venta de alcohol durante más de una década, motivada por razones religiosas y políticas.
La medida de París es:
· Temporal (solo durante los días de pico de calor, con horarios concretos).
· Localizada (solo en espacios públicos y venta para llevar, no en bares).
· Coyuntural (respaldada por alertas sanitarias, no por dogmas).
De hecho, este mismo fin de semana se han cancelado eventos masivos como la marcha del Orgullo (Pride) precisamente por el mismo motivo: el calor extremo y la aglomeración. Es parte de un protocolo de protección civil, no de una censura al alcohol.
París no está «entrando en una ley seca», sino aplicando un toque de queda etílico preventivo. No es el vino el enemigo, sino la combinación letal de altas temperaturas y deshidratación. Mientras dure la ola de calor, la recomendación oficial es clara: refrésquese con agua, no con alcohol, y si quiere beber vino, hágalo en la terraza de un bar o en casa, pero no en la calle bajo el sol abrasador. La salud pública está por encima del vermut en el parque.

Redacción La Gaceta del Vino
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