Bebernos el verano
Todos los años por estas fechas ocurre lo mismo. La gente del vino, los consumidores habituales, lo tienen claro. El verano es también una época idónea para su consumo si somos capaces de vencer la resistencia de un grupo de tribus antediluvianas que aún pregonan que el vino blanco, fresco; “pero el tinto a temperatura ambiente”.
Es decir, que cualquiera de nuestros días de canícula, con temperatura a mediodía de 42-44 grados a la sombra, es el momento idóneo de tomar un tinto, a ser posible con cuerpo y alta graduación alcohólica a temperatura ambiente. Lugares como Córdoba, Sevilla, Badajoz, Cáceres, Ciudad Real o Toledo son idóneos para esa degustación, a ser posible con un vino que lleve abierto una semana, con el corchito puesto, y en posición vertical, encima de la cafetera. Ahí sí está bien utilizada la palabra caldo. Y no de manera genérica como se empeñan algunos colegas en nuestro país.
Y es que esos acérrimos defensores de la esencia vitivinícola escucharon un día la máxima de “el vino tinto a temperatura ambiente”, pero de la Borgoña, no del centro-sur de España o de las latitudes meridionales de Italia o Grecia. O no digamos de los países tropicales o los del Magreb donde, aunque algunos no lo crean, puede y debe beberse vino.
La Asociación Española de Periodistas y Escritores del Vino y los Espirituosos (AEPEV), que me honro en presidir, ha incluido en su pasado concurso bebidas refrescantes como el tinto de verano, los twister, los vinos total o parcialmente desalcoholizados, los vinos con bebidas gaseadas, los calimochos, las sangrías, los aperol spritz , los porto tonic, los vin tonic y, en definitiva, todas aquellas bebidas que reclaman buena parte de los nuevos consumidores.
El verano es una época idónea para sentir el placer de los vinos espumosos, de los blancos, de los rosados y de los tintos jóvenes a una temperatura adecuada, que puede conseguirse mediante uvas congeladas, cubitos metálicos enfriadores de múltiples usos o cubitos de hielo si os apetece. Es también el momento de disfrutar de los tintos de verano y las sangrías en sus diversas variantes y por qué no de tintos con cuerpo a una temperatura algo más baja que en invierno y en un lugar fresco y agradable para disfrutar todavía más.
La realidad bien terca es que hemos pasado de consumir en España 11,50 millones de hectolitros en 2021 a poco más de 9,00 en mayo de este año y las perspectivas no resultan nada halagüeñas en la época estival en la que nos encontramos inmersos. Bebamos pues vino como nos dé la gana, olvidémonos de los puristas y sabiondos, pensemos en que los tiempos cambian y hay que reinventarse y gocemos del vino dónde, cómo, cuándo y con quién nos dé la gana ¡Salud!

Periodista. Miembro de AEPEV y FIJEV
Suscribirse
Reciba nuestras noticias en su email