Ningún país productor se ha librado de la crisis en el sector del vino
Hoy la crisis atenaza, sin excepción, a todos los países productores
El comienzo de la crisis económica sirvió para que algunos países pensaran que la desgracia de algunos, especialmente de los productores de la Vieja Europa con Francia, Italia y España a la cabeza, era su gran oportunidad de conquistar mercados y consolidar sus vinos en los grandes centros exteriores de compra, especialmente los de países como Estados Unidos o Gran Bretaña que se configuran como los dos grandes polos de atracción del vino mundial. Sin embargo, la realidad, que es muy terca, ha terminado salpicando a todos y hoy la crisis atenaza, sin excepción, a todos los países productores, que estudian ya estrategias sobre cómo atajar el problema.
El periódico argentino on-line iprofesional.com alerta en un artículo publicado esta semana de que más de un centenar de bodegas argentinas pueden ser borradas del mapa. Esta aseveración contrasta fuertemente con las primeras noticias de principios de 2009 que apuntaban a Argentina como el gran beneficiario de la crisis económica en el sector del vino. Pues bien, entre 2002 y 2008, el crecimiento de marcas en el país fue de un 180% al pasar de 717 a casi dos millares; pero por el contrario, mientras en ese periodo el número de marcas sumaban 2.870, a la par se registraba la desaparición de cerca de 1.600 marcas, proceso que, según la mayoría de los analistas, podría acentuarse si como parece caen 120 empresas pequeñas y medianas con importante proyección exportadora.
Los analistas económicos creen que la planificación de las bodegas se ha hecho mal, independientemente del agravamiento de la crisis. Los números con que jugaban sus propietarios chocaron con la realidad, planificada a diez años, cuando se percataron que entre el cuarto y el sexto año de actividad, sus fondos eran absorbidos por los intereses bancarios, el incremento de los costes de producción y la desaceleración de la demanda exterior de vino. Ahora el dilema de los propietarios, generalmente pequeños inversores, es si merece la pena inyectar liquidez al proyecto para salir adelante o pegar el cerrojazo de una vez por todas, máxime cuando algunas de las bodegas no cuentan con una marca consolidada, no tienen capital suficiente, apenas cuentan en el mercado exterior y su distribución es nula o casi nula.
Claro que este problema, que también se empieza a palpar en no pocas bodegas españolas nacidas al socaire de los tiempos de bonanza con dinero procedentes de otros sectores como el de la construcción, se acentúa día tras día. El negocio que nació a caballo entre el capricho de unos cuantos y la perspectiva a largo plazo de una rentabilidad se diluye como un azucarillo y empieza a pesar en la cuenta de resultados y en la liquidez de la empresa, sobre todo cuando los bancos antes de otorgar un crédito se tientan la ropa una y otra vez.
Australia y Chile, que capitaneaban el barco del Nuevo Mundo a la hora de posicionarse en mercados difíciles y complejos como el británico o el estadounidense han dado un golpe de timón en los últimos doce meses que amenaza con cambiar la estrategia global de las ventas mundiales de vino. Precisamente quienes hace unos años desdeñaban la posibilidad, con raras excepciones, de vender sus vinos a granel porque entendían que habían encontrado la gallina de los huevos de oro con la venta de vinos Premium en los mercados anteriormente citados, han tenido que cambiar urgentemente su estrategia.
Hoy, los abanderados del Nuevo Mundo luchan por conseguir ser los primeros en vender sus vinos a granel, de una calidad más que contrastada, por otra parte; ya que los dos últimos ejercicios han sido poco afortunados para dos países que hace sólo unos años no parecían tener tope en sus crecimientos. Pues bien, Chile y Australia, como Argentina, han reculado más del 10% en sus pérdidas de mercado. Y todo ello pese a haber bajado los precios y competir en la actualidad en un segmento como el de graneles que antes era secundario para sus economías.
La crisis ha propiciado un cambio radical en los intercambios comerciales, no sólo a favor de las compra-ventas de vinos a granel sino también en la demanda de vinos afrutados, con crianzas nulas o livianas y con precios muy competitivos. Razones económicas, pero también de gusto por la incorporación de nuevos clientes al mundo del vino, mandan. Y a las empresas no les queda otro camino que replantearse su estrategia si quieren sobrevivir.

Periodista. Miembro de AEPEV y FIJEV
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