La guerra comercial Canadá-Estados Unidos alcanza de lleno al vino
Los nuevos aranceles estadounidenses del 50% sobre el vino canadiense se suman al desplome de las exportaciones de vino de Estados Unidos a Canadá, que cayeron más de un 50% en el primer semestre de este año, según datos de la OIVE en un conflicto que amenaza con alterar los flujos internacionales del vino y abrir oportunidades para otros países productores.
Las importaciones de vinos estadounidenses en Canadá bajaron en el primer semestre de este año de 62,50 a 31 millones de euros, mientras las compras globales lo hacían alrededor de un 8% al pasar de 836 a 769,50 millones de euros, con caída del 7,5% en el vino envasado y del 34,50% en el vino.
Por su parte, las importaciones norteamericanas de vino canadiense cayeron este año un 20% al pasar de 28,75 a 20,25 millones de euros, en un contexto global de clara recesión que supone un retroceso del 27,5% al pasar de 3.242 a 2.425 millones de euros, con caída del 25% en el envasado y del 36,5% en el vino a granel.
El mercado canadiense ha pasado de importar el 36% de vino estadounidense a solo el 12% en el interanual y los productores californianos, que acaparan el 90% del total del vino del país, son los grandes perdedores de este pulso, ya que las ventas de vino canadiense en los Estados Unidos son anecdóticas, a la par que enigmáticas.
Canadá, que es un pequeñísimo productor de vinos con solo 70 millones de litros en 2025, exportó al gigante norteamericano durante el pasado año 164 millones de litros, 163 millones de ellos de vino a granel, a un precio medio de 0,31 euros el litro y apenas un millón de litros de alto valor añadido por algo más de 5 millones de euros.
El origen de este vino, que pasa por Canadá, y termina en Estados Unidos no se identifica, aunque se supone que son partidas procedentes de Argentina, Chile, Uruguay y, en menor medida, de España de vinos base muy baratos que entran, al menos en forma de papeles, por Canadá y acaban en Estados Unidos a un precio irrisorio y sin excesivo control fiscal.
La medida adoptada por la Administración Trump afecta directamente a los vinos producidos en regiones como Niágara, en Ontario, y Okanagan, en Columbia Británica, que se enfrentan ahora a una barrera de entrada extraordinariamente elevada en el mercado estadounidense. Estos gravámenes forman parte de un paquete que afecta a unos 20.000 millones de dólares en productos canadienses, aproximadamente el 5% de las exportaciones de Canadá hacia Estados Unidos.
La respuesta canadiense a las medidas comerciales adoptadas por la Administración Trump provocó durante 2025 la retirada de vinos y bebidas espirituosas estadounidenses de los establecimientos públicos en buena parte del país.
Los datos del Wine Institute muestran que las exportaciones estadounidenses de vino a Canadá cayeron un 78% durante 2025, generando una pérdida de aproximadamente 357 millones de dólares en valor de exportación. El cambio fue tan brusco que el tradicional superávit comercial estadounidense de vino con Canadá se convirtió en déficit.
En el caso concreto de California, las ventas de vino al mercado canadiense pasaron de 404 millones de dólares en 2024 a apenas 90 millones en 2025, una reducción del 77,7%.
La consecuencia más importante puede no ser únicamente la pérdida de ventas de las bodegas canadienses, sino que los importadores estadounidenses pueden buscar alternativas en Europa, Australia, Nueva Zelanda, Chile, Argentina o Sudáfrica para sustituir parte de la oferta canadiense.
Al mismo tiempo, Canadá necesita cubrir el espacio dejado por los vinos estadounidenses que han desaparecido de buena parte de sus canales de comercialización. Para los productores europeos, y especialmente para los españoles, esta situación puede generar oportunidades comerciales.
Los productores estadounidenses que pierden mercado en Canadá pueden intentar redirigir sus vinos hacia otros países. Eso significa que la competencia internacional puede aumentar en aquellos mercados considerados estratégicos para colocar excedentes.
El sector de la hostelería estadounidense también ha advertido de este problema. Restaurantes, hoteles y bares necesitan mantener una oferta diversificada de vinos y destilados y pueden verse obligados a asumir mayores costes si determinados productos importados dejan de ser competitivos.

Periodista. Miembro de AEPEV y FIJEV
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