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El Fine Wine español se enfrenta a su verdadera asignatura pendiente: convertir calidad en reputación internacional

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Más de 250 referencias españolas pueden encajar en la categoría de Fine Wine en el mercado primario, pero solo entre 30 y 60 tienen una presencia relevante en el mercado secundario internacional

España sabe hacer grandes vinos. La pregunta es por qué tan pocos logran convertirse en referencias internacionales de Fine Wine.
Ese fue uno de los principales asuntos abordados el pasado 15 de septiembre en Madrid, durante la jornada “Estrategia Fine Wine: Cómo posicionar nuestros vinos”, organizada por EDA Drinks & Wine Campus, integrado en el ecosistema del Basque Culinary Center, en colaboración con Círculo Fortuny.
El encuentro reunió a responsables de algunas de las bodegas españolas más reconocidas y a profesionales de la comercialización, la crítica, la comunicación y el mercado secundario. La conclusión fue clara: España no carece de grandes vinos; todavía necesita convertirlos en marcas de referencia mundial.
Los datos manejados por la organización dimensionan el reto. España cuenta con más de 250 referencias que pueden considerarse Fine Wine en el mercado primario, pero solo entre 30 y 60 tienen una presencia relevante en el mercado secundario internacional, según las referencias utilizadas por EDA a partir de fuentes como Liv-ex, Decanter y The Drinks Business. La diferencia es significativa.

Poco volumen, mucho valor
El interés por este segmento no responde solo al prestigio. Su peso económico es muy superior al que representa en volumen.
Según los datos difundidos por Círculo Fortuny a partir de Bain & Company y Altagamma, el Fine Wine representa aproximadamente el 1,5% del volumen mundial de vino, pero concentra el 11% de su valor, dentro de un mercado estimado en unos 30.000 millones de euros.

No se trata, por tanto, de vender simplemente botellas más caras. El objetivo es que determinados vinos sean reconocidos internacionalmente por su origen, identidad, reputación, capacidad de guarda, escasez y valor sostenido en el tiempo.

Ahí es donde España aún tiene recorrido.
Joxe Mari Aizega, director general del Basque Culinary Center, vinculó el futuro del vino a la diferenciación, la identidad, el terroir y la excelencia, pero también a la comunicación y el marketing. Xandra Falcó, presidenta de Círculo Fortuny, subrayó que el consumidor ya no busca solo calidad, sino también valores, experiencias y una conexión real con las marcas.

Del buen vino a la marca de referencia
La primera cuestión planteada en Madrid fue cómo construir un relato capaz de hacer que un vino trascienda su condición de producto.
Pablo Álvarez, de Tempos Vega Sicilia; José Ramón Urtasun, de Remírez de Ganuza; Txell Juvé, de Juvé & Camps; Guillermo Aranzábal, de La Rioja Alta; Pedro Ruiz, de Alma Carraovejas, y Manu Muga, de Bodegas Muga, participaron en el debate sobre la construcción del relato Fine Wine.

El origen, la autenticidad, la identidad de cada proyecto y el terroir aparecieron como elementos esenciales. También una idea común a todo el fenómeno internacional del Fine Wine: la excelencia por sí sola no garantiza reconocimiento.
Borgoña, Burdeos o Piamonte no han construido su posición únicamente sobre la calidad. Durante décadas han desarrollado sistemas de identificación, clasificación, reputación y comercialización que permiten al mercado reconocer y valorar sus distintos orígenes y productores.
España ofrece una diversidad extraordinaria, pero su modelo sigue siendo más fragmentado.
Mikel Eguren: el origen necesita una arquitectura de valor

Una de las intervenciones más destacadas correspondió a Mikel Eguren, Export Manager de Viñedos y Bodegas Sierra Cantabria.
Eguren, quinta generación de una familia vinculada al vino desde el siglo XIX, participó junto a Raquel Pérez, presidenta del Consejo Regulador de la D.O.Ca. Rioja y de Barcelona Wine Week, y Willy Pérez, de Bodegas Luis Pérez, en la mesa dedicada a las “arquitecturas de creación de valor”, moderada por Sarah Jane Evans MW. (Verema)
El debate abordó una cuestión decisiva para España: cómo lograr que el origen sea reconocible y genere valor económico más allá de una botella concreta.

En Sierra Cantabria, esa reflexión forma parte de una trayectoria concreta. La familia Eguren lleva generaciones construyendo una identidad ligada al viñedo y al territorio riojano, y ha desarrollado también proyectos en otras zonas, como Toro. Su recorrido internacional demuestra que una marca de alta gama necesita continuidad y presencia en los mercados. Sierra Cantabria, por ejemplo, acumula décadas de actividad comercial en Estados Unidos.

La conclusión es clara: un gran vino necesita tiempo para convertirse en una referencia internacional, pero también presencia en los mercados donde se construye esa reputación.
El problema aparece cuando llega el mercado secundario
La sesión dedicada a LIV-EX y al mercado secundario del Fine Wine fue una de las más reveladoras.
Pablo Álvarez, desde Baghera Wines; Jaume Vial, responsable del área de mercados de Gramona, y Ricardo Diéguez, director general de Marqués de Riscal, analizaron las condiciones necesarias para que un vino entre y permanezca en este circuito.

El mercado secundario va mucho más allá de la compraventa entre coleccionistas. Subastas, comerciantes especializados, distribuidores y plataformas internacionales ayudan a fijar referencias de precio, generar liquidez y reforzar la visibilidad y la reputación de determinados vinos.
Por eso resulta tan significativa la distancia entre las más de 250 referencias españolas que pueden situarse en el universo Fine Wine y las pocas decenas con una presencia relevante en el mercado secundario.

España produce más Fine Wine del que el mundo parece reconocer como Fine Wine.
Francia sigue capturando mucho más valor
La brecha se aprecia también en el valor de las exportaciones.

España es una potencia mundial en producción y exportación de vino, pero Francia mantiene una ventaja muy amplia en valor. Según los datos difundidos durante la jornada, genera más de cuatro veces el valor exportador español con un volumen considerablemente menor.

Para ello resultan decisivos factores que durante años no ocuparon un lugar central en la estrategia de muchas bodegas españolas: construcción de marca, posicionamiento internacional, distribución especializada, comunicación, relaciones públicas, presencia en mercados estratégicos y continuidad.
El relato no puede ser solo marketing
La última parte de la jornada se centró en la comunicación, el marketing y las relaciones públicas, con Enrique Valero, de Abadía Retuerta; Paco Berciano, de Alma Vinos Únicos y Vinoteca El Lagar, y Montse Alonso, de Mahala Wine&, bajo la moderación de Ferrán Centelles.

El Fine Wine no se construye únicamente a golpe de campañas. El relato internacional debe apoyarse en un vino reconocible, una identidad clara, una historia coherente, una calidad constante y una estrategia sostenida durante años.
No basta con afirmar que un vino es excepcional. El mercado internacional tiene que reconocerlo como tal.
España tiene los ingredientes, pero falta convertirlos en sistema. La jornada de Madrid dejó una fotografía precisa.

España cuenta con territorio, diversidad de variedades, viñedos históricos, productores de prestigio y una generación de bodegas con una visión cada vez más internacional. También tiene vinos reconocidos por críticos, sumilleres y coleccionistas.
Lo que aún no posee con la misma fuerza que otros países productores es una arquitectura internacional del valor suficientemente reconocible.
Ese puede ser el verdadero desafío del Fine Wine español.
España necesita construir su propio modelo de excelencia, basado en la diversidad de sus territorios y en la personalidad de sus proyectos.
La pregunta que queda abierta después de la jornada es concreta:
si España ya tiene los grandes vinos, ¿qué necesita hacer para que el mundo los reconozca, los busque, los coleccione y esté dispuesto a pagar por ellos como ocurre con los grandes vinos de otros países?

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