Castellucci cree que la crisis es una oportunidad para hacerse fuertes en el mundo del vino
Entrevista al director general de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), Federico Castellucci, para El Correo del Vino
El director general de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), Federico Castellucci, ha señalado recientemente, en una entrevista mantenida con El Correo del Vino, que la crisis económica está afectando seriamente al sector del vino, pero a la vez es una oportunidad para hacerse fuertes y tratar de pasar página lo antes posible en un claro contexto de recesión. El pasado 26 de noviembre en París, Castellucci reconoció que los tiempos vienen mal dados, que la UE ha reducido su viñedo en 75.000 hectáreas y que la competitividad aumenta a la par que disminuyen los precios y el mercado internacional.
Pregunta: ¿En qué cree usted que ha cambiado la OIV desde que se produjo su llegada a la Dirección General de la OIV?
Respuesta: Mi llegada a la OIV en 2004 coincide con la entrada en vigor del Acuerdo de creación de la Organización Internacional de la Viña y el Vino, actual OIV y que es la herencia de la antigua Oficina Internacional de la Viña y el Vino. Esta nueva OIV ha sabido demostrar en estos años una mayor modernidad, agilidad y transparencia en sus actividades, adaptándose a la realidad del sector vitivinícola mundial actual.
P: ¿Considera usted que la OIV está en estos momentos más cercana al mundo del comercio del vino de lo que estuvo antaño?
R: Podría decirse que sí, quizás ahora estemos más atentos aún a las preocupaciones del sector comercial. No es por nada que nuestro Presidente, el Sr. Benard, proviene de una de las más grandes empresas vinícolas del mundo. Yo mismo he estado siempre muy ligado al sector productor y del comercio, durante más de 15 años he sido el Director General de la FEDERVINI (Federación italiana de productores y exportadores de vinos, aguardientes, licores, vinagres y afines).
P: ¿Cómo se lleva la bicefalia con el presidente Yves Bernard y cómo se reparten la interlocución del organismo?
R: No existe tal bicefalia, nuestros deberes y responsabilidades están perfectamente definidos en nuestro Reglamento interno. Más que de bicefalia, hablaría de sinergia. Además, conozco a Yves Bénard desde hace más de década y media y me congratula decir que lo que nació como una buena relación entre colegas que trabajan en el mismo sector, se ha convertido con los años en una buena amistad.
P: ¿Qué supone para usted el papel cada día más activo del español Ignacio Sánchez Recarte, como jefe de la Unidad de Economía y Derecho, en la OIV?
R: Ignacio lleva ya con nosotros más de 5 años, inició su andadura en la OIV ocupándose de la sección Viticultura para después aceptar el reto de ocuparse de la sección Economía y Derecho. En el curso de estos años, ha realizado un excelente trabajo y ha sabido crear una muy buena interacción con los expertos y los delegados de los países miembros convirtiéndose en un apoyo de gran ayuda.
P: ¿Considera que la OIV es un organismo ágil desde el punto de vista burocrático o quizás debiera tener una vuelta de tuerca en los próximos años para responder mejor a las demandas del sector?
R: Considero a la OIV un organismo ágil, siempre teniendo en cuenta las características inherentes de un organismo intergubernamental que sigue el procedimiento de adopción de las resoluciones en 8 etapas. Siempre es posible mejorar la reactividad y en esa dirección seguimos trabajando para, en el futuro, ser más aún más eficientes.
P: ¿Cómo cree que está afectando la crisis económica al mundo del vino?
R: Se ha visto una baja en el consumo mundial de vino. También se ha observado un descenso en las exportaciones. Son momentos duros para todo el sector, que esperemos salga reforzado de estos tiempos difíciles pero pasajeros.
P: ¿Cree usted que esta situación puede haber cambiado la tendencia de los consumidores hacia otros tipos de vino que antes no consumía o consumía menos?
R: En ciertas zonas del mundo se ha observado un aumento del consumo de vinos de menor precio. Esta tendencia se certifica en algunos datos que señalan una reducción del valor en las exportaciones de vino.
P: ¿Cuáles son los nuevos mercados que ustedes consideran pueden hacer que aumente el consumo en un futuro próximo?
R: Cuando hablamos de aumentar el consumo de vino, debe quedar claro que hablamos de aumentar el número de consumidores y no el consumo individual. En este sentido, los mercados emergentes se encuentran principalmente en Asia, donde China, Corea del Sur o la India presentan un potencial muy fuerte.
P: ¿Considera usted que las políticas antialcohol de los diferentes Gobiernos comunitarios está dañando la imagen del vino y su crecimiento?
R: Cada Gobierno puede establecer las medidas que considere más convenientes para luchar contra los problemas que ha detectado. No entraré por tanto a valorar las actuaciones de estos Gobiernos. Si bien, desde la OIV se ha querido dejar siempre bien claro, que el vino no es solo alcohol es también cultura, cultura del gusto y de la moderación.
P: ¿Qué valoración le merece la actual situación de la venta de vino a granel?
R: Los vinos a granel son un hecho. Están ahí y dan salida a una parte importante de la producción vitícola mundial. En los últimos años, se han mejorado bastante las condiciones de producción y exportación de estos vinos, con lo que, en general, su calidad también ha variado consistentemente.
P: ¿Cree usted que debería haber una normalización de calidad en los graneles?
R: Al final son los consumidores los que juzgan la calidad de un producto. Desde la OIV, siempre se ha trabajado por la calidad de los productos vitivinícolas, que es lo mismo que trabajar por la defensa del consumidor. En este sentido, se aprobó hace ya unos años un “Código de buenas prácticas para el transporte del vino a granel”.
P: ¿Comparte usted la aseveración británica de que el vino a granel permite eliminar emisiones de CO2 al embotellar en destino?
R: El concepto de las emisiones de carbono representa sólo una parte de la sostenibilidad ambiental del sector y hay que valorarlo en su justa medida. Al mismo tiempo el transporte es a su vez sólo uno de los múltiples aspectos a tener en cuenta a la hora de evaluar las emisiones de carbono. Si bien podría ser verdad que el embotellado en destino podría reducir las emisiones de CO2, ésta práctica y los consiguientes problemas de trazabilidad que acarrea podrían poner en peligro los derechos del consumidor. Las garantías de origen y de calidad de un producto no quedan, a mi entender, suficientemente cubiertas con este tipo de prácticas. Quizás para vinos de bajo valor, sea una práctica factible, pero para el resto, es necesario seguir garantizando el respeto del producto y en consecuencia del consumidor.
P: ¿No cree usted que hay excesivo reglamentismo vitivinícola en la UE y demasiado poco en el Nuevo Mundo?
R: No seré yo quien cargue contra el sistema reglamentario europeo, visto que ha decidido tomar a la OIV como referencia técnico científica en el sector vitivinícola. No me negará que esto es un buen inicio. Por otro lado, la mayor parte de la producción de vino del llamado Nuevo Mundo ha establecido un sistema reglamentario que se basa directamente o indirectamente en las reglas establecidas por la OIV.
P: ¿Cuál es su opinión sobre los vinos parcial o totalmente desalcoholizados y cuál cree que debería ser su nombre?
R: Hay que seguir estudiando las tendencias de consumo. Estos productos nacen de una demanda de un nicho de mercado. Lo importante es analizar cómo se informa al consumidor y cómo se garantiza la calidad de los productos. En este sentido la OIV está ya trabajando por un lado en los métodos de desalcoholización que protejan la calidad y por otro lado en la definición y caracterización de estos productos con vistas a establecer un sistema de designación y etiquetado que informe adecuadamente al consumidor sobre lo que se dispone a beber.
P: ¿Qué opinión le merecen las nuevas armas enológicas que permiten la inyección de aromas y un mayor diseño del vino?
R: La OIV no autoriza la aromatización de los vinos entre sus prácticas enológicas. Nuestra postura es muy clara a este respecto. Queda, excluidas obviamente de este discurso las prácticas enológicas de los “vinos aromatizados”, otro de los productos específicos de nuestro sector.
P: ¿Cree que la OIV debería avanzar en el estudio y aplicación de los organismos genéticamente modificados y la biotecnología en general?
R: El papel de la OIV en este espinoso tema es el de informar adecuadamente a sus Estados miembros para que éstos tomen las decisiones finales que consideren más adecuadas. Los trabajos que se llevan a cabo en este ámbito no van dirigidos a aprobar o desaprobar el uso de determinados OGM en el sector vitivinícola, sino a adelantarnos a nuestro tiempo proponiendo bases reglamentarias para unas tecnologías que no querríamos que se estableciesen de facto en nuestro sector sin que antes se hayan propuesto unas normas de protección y de adecuada información al consumidor.
P: ¿Cree usted que el cambio climático está afectando seriamente al viñedo y considera que puede variar su actual ubicación desde el sur hacia el norte?
R: El cambio climático es un hecho, en todo el mundo se ha observado por ejemplo cómo la fecha de vendimia ha variado consistentemente en los últimos años. Los vinos también están cambiando, se ha notado un aumento del grado alcohólico de los mismos. En cuanto a la ubicación de la viticultura, no hay que olvidar que la vid es una de las plantas más adaptables del reino vegetal. Si bien no creo que vayamos a “perder” zonas de producción, estoy convencido de que ganaremos nuevas áreas de cultivo de la vid, nuevos países productores y nuevos vinos que no harán sino enriquecer la diversidad de nuestro sector.

Periodista. Miembro de AEPEV y FIJEV
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