De negociantes de vino a “camellos”, por consideración de la OMS
Los mandamases de la OMS son capaces, si les dejan, de prohibirnos respirar para no contaminar el aire.
La brillante conferencia con la que el secretario general de la Federación Española del Vino (FEV), Pau Roca, cerró la World Bulk Wine Exhibition, celebrada en Amsterdam hace ya casi un mes, hizo hincapié en la amenaza que para el sector del vino supone la Organización Mundial de la Salud (OMS) al intentar que las bebidas alcohólicas, sin excepción, dejen de ser consideradas mercancías o “comodities” en las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y queden excluidas, por tanto, de las ventajas que pudieran derivarse de las mismas. En definitiva, tal y como apuntaba Roca, “se trata de un asunto muy preocupante porque de negociantes de vino, pasaríamos a ser traficantes: lo que en el argot español se llama “camellos”.
La aseveración, dura y valiente a la vez, no deja de ser una “china en el zapato” más del “lobby” antialcohol más peligroso y barriobajero con que ha contado el sector del vino desde su existencia. Y lo es porque viene, precisamente, de un organismo que ha obtenido multitud de galardones en todo el mundo por su trabajo, aunque hasta ahora no le han otorgado ninguno por catastrofismo. Si revisamos sus pronósticos sobre las previsiones de muertes por encefalopatía espongiforme bovina, más conocida como enfermedad de las “vacas locas”, la gripe aviar o la gripe A, a la que se empeñaron en llamar inicialmente gripe porcina sin que los cerdos de cuatro patas tuvieran nada que ver en el asunto, la humanidad estaría abocada a la desaparición en un breve plazo de tiempo. Vamos, que entre la sección danesa de Greenpeace, recomendable visitar su página y sus profecías, y la OMS las trompetas del fin del mundo estarían a punto de sonar a los sones del Réquiem de Mozart.
Y es que los mandamases de la OMS, a cuya presidencia aspiró en su momento la actual vicepresidenta económica del Gobierno, Elena Salgado (Dios aprieta, pero no ahoga), con el apoyo y la aquiescencia del presidente francés, Nicolás Sarkozy, y su sanísima esposa, Carla Bruni, son capaces, si les dejan, prohibirnos respirar para no contaminar el aire. Cuando miles y miles de estudios sanitarios demuestran las bondades del vino, tomado, eso sí, con moderación, los valedores de la salud pública mundial se descuelgan poniendo al vino a la misma altura que la heroína o la cocaína. Así de paso se cargan una cultura ancestral, el cultivo de cientos de miles de hectáreas de viñedo que dan trabajo a millones de personas en todo el mundo, la cubierta vegetal de buena parte del planeta insustituible en algunos lugares como La Mancha o el Rosellón y, de paso, nos asimilan a la atractiva cultura de Bin Laden que pide la muerte para los infieles que consuman alcohol mientras, como ETA, financia sus actividades con el narcotráfico.
Quizás por todo lo anteriormente expuesto no ha sido malo del todo para el vino que la Ronda de Doha de la OMC haya concluido con un sonoro fracaso en cuanto a liberalización de aranceles se refiere, ya que ha propiciado los acuerdos bilaterales para imprimir un mayor impulso al comercio vitivinícola, uno de los sectores económicos más dinámicos del mundo, gracias a las negociaciones de la Unión Europea.
En este sentido, tal y como recalcó Pau Roca en su conferencia, la Presidencia española de la UE es un buen momento para acelerar los acuerdos bilaterales de libre comercio en todo el mundo, ya que pueden y deben favorecer los intereses españoles, máxime cuando estamos llamados a ser en pocos años los mayores exportadores de vino en volumen. Mercados prioritarios como India, Rusia, Brasil, Canadá, Corea del Sur o Tailandia, algunos de ellos con sistemas muy proteccionistas, deben ser objeto de especial atención para aumentar las posibilidades comerciales de nuestras empresas.
Tiene razón Pau Roca cuando insiste en que la UE ha jugado en no pocas ocasiones un papel eminentemente agrarista en las negociaciones y se ha olvidado de la realidad de la industria vitivinícola, que en muchas ocasiones, especialmente en cooperativas y bodegas orientadas a funcionar como pagos, juegan el doble papel de productores de uva y elaboradores de vino.
Un producto como el vino, proactivo en el comercio internacional, como apuntó Roca, y poco dado al proteccionismo, que le ha llevado a sus épocas más negras, necesita de un sistema liberal de intercambios que se aleje de políticas paternalistas, más propias de la dictadura franquista, porque la libre competencia sólo puede redundar a favor de los vinos más competitivos. Y los vinos españoles, lo son ¿O no?

Periodista. Miembro de AEPEV y FIJEV
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