Desmitificar el vino para hacerlo más asequible a los jóvenes
Para nadie es un secreto que los jóvenes españoles en general la espalda al vino porque lo consideran una bebida anticuada
El director del Observatorio Español del Mercado del Vino, Rafael del Rey, tiene previsto presentar en el curso de la Feria Nacional del Vino (FENAVIN) un estudio sobre Jóvenes y Vino, del que no ha transcendido nada, pero del que ha hecho hincapié en que estos consideran el vino una bebida alejada de su cultura y sus costumbres habituales, en la línea de un estudio similar que en 2005 realizó la Federación Española del Vino (FEV).
Para nadie es un secreto que los jóvenes españoles en general, todo lo contrario a lo que ocurre en Francia o los países anglosajones, dan la espalda al vino porque lo consideran una bebida de mayores, anticuada, con unos rituales de consumo excesivamente recargados y que les obliga a un largo aprendizaje para moverse con soltura en su consumo.
Y no les falta razón. Los amantes del vino hemos mitificado en exceso su consumo cotidiano y los jóvenes se encuentran con una imagen de bebida antigua que ingerían sus abuelos en las comidas familiares, con la correspondiente gaseosa en general, o con un lenguaje lleno de tecnicismos (aromas empireumáticos, tonos minerales de piedra de pedernal, con amplio esqueleto, con menisco anaranjado, graso…) que les suena a chino y que les echa para atrás a la hora de iniciarse.
El vino es una bebida extraordinaria, considerada alimento en la legislación española (pese a nuestra vicepresidenta económica abstemia), con una cultura milenaria pegada a la tradición mediterránea y a la cultura popular que debe desmitificarse. Muchos gurús y toda su cohorte de jilipuertas que han impulsado la moda de vinos ultraconcentrados, de altísimas graduaciones, de complejidades a la altura del mejor tratado de química, le han hecho un flaco favor al sector del vino en su conjunto, ya que ha alejado a mucha gente, especialmente a los jóvenes, de su consumo.
Las nuevas tendencias de mercado, en una época de aguda crisis económica como la actual, indican que existe una vuelta a los vinos frutales, ligeros, fáciles de beber, aunque el “valeparatodo” enólogo francés Michel Rolland diga lo contrario y sostenga que son inventos de la prensa. Buena prueba de ello es que los rosados han multiplicado por tres su presencia en el mundo, según datos del estudio elaborado por la ISWR para la feria Vinexpo de Burdeos. Y que los blancos son cada vez más demandados.
Los jóvenes necesitan acercarse al vino de una manera fácil. Si para ello es necesario que lo hagan con vinos sencillos como los moscateles, los semidulces, los de escasa graduación o mezclados, bienvenidos sean a este mundillo donde lo que sobra es soberbia y sapiencia mal entendida. El mercado es el que manda siempre y si el vino tiene posibilidad de crecer en un segmento tan importante como el de la juventud, ahí está el ejemplo de Canadá, debe hacerlo con todas las consecuencias. Es absurdo que aquí se repita, como ocurre muchas veces en el cine, la historia del crítico al que hay que leer para no ver las películas que alaba y ver, a ser posible corriendo, aquellas que desdeña.
El vino es un alimento para disfrutar a diario. Las complejidades y los altos precios, que también tienen su público, afortunadamente, deben ser minoritarios y la misión de llevar a los jóvenes al vino es una tarea de todos, incluida la Administración con vicepresidenta económica abstemia, ya que del éxito de esta empresa dependen muchos puestos de trabajo y el sostenimiento y la difusión de una cultura tan antigua como ilusionante.

Periodista. Miembro de AEPEV y FIJEV
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