España tiene grandes vinos, pero todavía pocos vinos de colección
España cuenta con algunos de los vinos más prestigiosos del mundo, pero su presencia en el mercado internacional de subastas sigue siendo reducida y, sobre todo, muy concentrada. En las grandes casas especializadas —Sotheby’s, Christie’s o Acker, entre otras— aparecen nombres españoles capaces de alcanzar precios elevados, pero son todavía una minoría frente al dominio histórico de los grandes vinos franceses.
El caso más evidente es Vega Sicilia. Único, Valbuena y sus Reservas Especiales aparecen de forma recurrente en las subastas internacionales, incluidas añadas de muchas décadas. El dato resulta especialmente revelador: según cifras de Sotheby’s recogidas por Decanter, Vega Sicilia llegó a representar el 76% de las ventas de vino español de la casa, muy por delante de Pingus, Viña Sastre Pesus, Álvaro Palacios o Clos Erasmus.
Junto a Vega Sicilia existe un pequeño grupo de vinos españoles que ha conseguido entrar en el mercado de coleccionismo internacional. Dominio de Pingus, L’Ermita de Álvaro Palacios, Viña El Pisón de Artadi, Clos Erasmus, Aalto, Pesquera, Marqués de Murrieta, La Rioja Alta o algunos grandes reservas de CVNE han aparecido en diferentes subastas y colecciones internacionales. Sin embargo, la actividad y la frecuencia de sus operaciones están todavía muy lejos de las de los grandes nombres de Burdeos, Borgoña o Champagne.
Y aquí aparece la verdadera cuestión: España no tiene un problema de calidad, sino de mercado secundario. Para que un vino se convierta en objeto de colección no basta con que sea excelente. Necesita historia, escasez, longevidad, reconocimiento internacional y, sobre todo, compradores dispuestos a buscarlo y volver a comprarlo. Una botella puede ser muy cara; un vino de colección es aquel que, además, tiene un mercado que reconoce y sostiene su valor.
Rioja podría tener especialmente recorrido. La región posee una combinación difícil de igualar: bodegas históricas, grandes reservas, capacidad de envejecimiento y un patrimonio de añadas antiguas extraordinario. Nombres como López de Heredia, La Rioja Alta, CVNE o Marqués de Murrieta reúnen muchos de los atributos que busca el coleccionista internacional, aunque todavía no hayan generado un mercado secundario comparable al de las grandes referencias francesas.
Vega Sicilia demuestra que es posible. El reto para España no parece ser crear más vinos de alta calidad, sino conseguir que un número mayor de ellos sean considerados internacionalmente objetos de colección. El día que una botella española no solo se beba, sino que también se busque, se conserve y se vuelva a negociar en el mercado secundario, habrá dado un paso decisivo en la construcción de valor de marca.

Redacción La Gaceta del Vino
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