¿Se muere el cava? Tenemos nuestras dudas
Un artículo publicado en El Confidencial lanza una sentencia demoledora: “El cava se muere”. Pero los datos del propio sector invitan, como mínimo, a discutirla
Hay titulares que llaman la atención y otros que obligan a mirar los datos. “El cava se muere. Nadie quiere admitirlo, pero es así”. Con esta contundencia plantea El Confidencial un análisis sobre la situación del cava, poniendo el foco en la pérdida del control familiar de algunas de sus grandes compañías y en el descenso de las ventas.
La tesis tiene elementos para la reflexión. Pero ¿realmente podemos decir que el cava se muere? Tenemos nuestras dudas.
Es cierto que el escenario ha cambiado radicalmente. En 2018, Freixenet dio entrada al grupo alemán Henkell y Codorníu pasó a estar controlada por el fondo Carlyle. En el caso de Freixenet, aquel movimiento supuso inicialmente la entrada de Henkell con el 50,67% del capital por unos 220 millones de euros. Ocho años después, en marzo de 2026, Henkell ha adquirido el 100% de la compañía.
En Codorníu, Carlyle adquirió en 2018 una participación mayoritaria, valorando la compañía en unos 390 millones de euros. En 2025 el fondo ya estudiaba una posible desinversión, algo perfectamente coherente con la lógica temporal de una inversión de capital riesgo.
Hasta aquí, los argumentos del artículo tienen fundamento: dos de las grandes referencias históricas del cava han dejado de estar bajo el control de las familias que las hicieron crecer.
Pero de ahí a afirmar que el cava está agonizando hay un trecho.
Los últimos datos oficiales de la D.O. Cava muestran una realidad más compleja. En 2025 se comercializaron unos 190 millones de botellas, un 12,88% menos que el año anterior, y la facturación alcanzó los 2.048 millones de euros, un 10% menos. Son cifras importantes y, evidentemente, no pueden ignorarse.
Pero hay una cuestión fundamental: el propio Consejo Regulador explica que el descenso está condicionado principalmente por la falta de producto derivada de varios años de sequía, y no por un desplome de la demanda. Las exportaciones cayeron un 18,68%, mientras que el mercado español redujo el volumen pero aumentó ligeramente en valor.
Y hay otro dato que no encaja demasiado bien con la idea de una categoría que simplemente “se muere”: los Cavas de Guarda Superior —Reserva, Gran Reserva y Paraje Calificado— crecieron un 1,41% en 2025. Los Cavas de Paraje Calificado, además, registraron un fuerte crecimiento.
Es decir, el problema parece estar más relacionado con el modelo y con el volumen que con la desaparición del producto.
El verdadero problema quizá sea otro
El cava lleva décadas arrastrando una contradicción: ha conseguido convertirse en uno de los grandes espumosos del mundo por volumen, pero durante demasiado tiempo ha tenido dificultades para construir una percepción de valor equivalente a la de otros grandes espumosos internacionales.
Y aquí hay un elemento que quizá no se explica suficientemente: cómo se hace el cava.
El cava se elabora mediante el método tradicional, con una segunda fermentación en botella y una crianza que exige tiempo, espacio, mano de obra y capital. Es un sistema de elaboración más costoso que otros métodos utilizados para producir determinados vinos espumosos.
Sin embargo, el consumidor no siempre conoce ni percibe esa diferencia.
Cuando tiene delante una botella de cava, un prosecco u otro espumoso elaborado mediante sistemas diferentes, difícilmente puede valorar qué significa que un vino haya realizado su segunda fermentación en botella y haya permanecido meses o años en contacto con sus lías.
Y ahí aparece una de las grandes contradicciones del cava: su elaboración puede ser más exigente y costosa, pero esa diferencia no siempre se traduce en el precio que el consumidor está dispuesto a pagar.
La cuestión es importante porque no se puede pedir al consumidor que pague más por algo cuyo valor añadido, desde el punto de vista técnico, apenas conoce.
La guerra de precios, la enorme dependencia de determinados mercados exteriores y una imagen asociada durante años a un producto de consumo masivo han pesado sobre la categoría.
Pero también existe otra realidad: una parte importante del sector está intentando recorrer justamente el camino contrario.
Más crianza. Más origen. Más segmentación. Más producto ecológico. Más valor añadido. Y una mayor apuesta por los Cavas de Guarda Superior.
Quizá el sector tenga que explicar mucho mejor todo esto. No solo vender una botella, sino explicar por qué esa botella cuesta lo que cuesta

Redacción La Gaceta del Vino
Suscribirse
Reciba nuestras noticias en su email