Rueda pone precio al coste de producir uva: entre 0,49 y 0,68 euros el kilo
El estudio de la Junta de Castilla y León sitúa el coste efectivo de producción de la uva para vinificación en la DOP Rueda entre 0,49 y 0,68 euros por kilo, mientras viticultores denuncian que algunas bodegas siguen ofreciendo precios por debajo de esa referencia
Hay cifras que, más que cerrar un debate, lo abren. Es lo que puede ocurrir en la Denominación de Origen Rueda después de que la Consejería de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental de Castilla y León haya situado entre 0,49 y 0,68 euros por kilo el coste efectivo de producir uva para vinificación en 2026.
El estudio ha sido presentado esta semana en La Seca, coincidiendo con una vendimia especialmente adelantada en Castilla y León. La horquilla no establece un precio de la uva, pero sí ofrece una referencia económica sobre lo que cuesta producirla en distintos modelos de explotación.
Y ahí está precisamente el interés de la cifra: no estamos hablando de lo que debería cobrar el viticultor, sino de lo que, según el estudio de la Administración autonómica, cuesta producir un kilo de uva.
La diferencia puede parecer semántica, pero en realidad es fundamental. Entre 49 y 68 céntimos.
El informe contempla diferentes realidades productivas. En el escenario denominado BAU (Business as Usual), asociado a explotaciones con mayor eficiencia tecnológica, el coste efectivo se sitúa en 0,49 euros por kilo.
En las explotaciones con menor nivel tecnológico, el cálculo asciende hasta 0,68 euros por kilo.
La propia Administración señala que las diferencias vienen determinadas por factores como el grado de mecanización, la estructura de las explotaciones, el nivel de productividad, el riego y la organización del trabajo.
No es, por tanto, un único coste aplicable a todos los viticultores de Rueda. El estudio intenta reflejar precisamente la diversidad existente en el viñedo de la denominación.
Pero sí aporta algo que hasta ahora resultaba más difícil de concretar: una referencia pública y actualizada sobre el coste de producir la uva.
El problema llega cuando se compara con lo que se paga
El dato adquiere otra dimensión cuando se coloca junto a las reclamaciones realizadas durante las últimas semanas por los viticultores de Rueda.
A finales de agosto, alrededor de 200 productores se concentraron ante el Consejo Regulador para reclamar precios que permitieran cubrir los costes de producción. La Asociación de Viticultores de Rueda denunció entonces que algunas bodegas estaban planteando contratos con precios inferiores a esos costes.
Ahora la Junta pone cifras sobre la mesa.
Entre 0,49 y 0,68 euros por kilo.
Y eso permite trasladar la discusión desde el terreno de las percepciones al de los números.
Las fuentes consultadas del sector señalan, además, que son todavía muy pocas las bodegas que estarían pagando la uva a esos niveles. Una afirmación que habrá que contrastar contrato por contrato y que pone sobre la mesa una cuestión de fondo: si el coste efectivo de producción se sitúa en esa horquilla, ¿qué ocurre cuando el precio pactado entre bodega y viticultor queda por debajo?
La respuesta no depende únicamente del precio de la uva. También entran en juego los rendimientos por hectárea, la productividad, el nivel de mecanización y la estructura de costes de cada explotación.
El estudio apunta además a una realidad que se repite en buena parte del sector agrario: producir cuesta cada vez más.
La mano de obra aparece como uno de los principales componentes del coste, especialmente en las explotaciones con menor mecanización.
A ello se suma el comportamiento de los fertilizantes, que el informe identifica como uno de los principales gastos del cultivo, especialmente en las explotaciones con mayores rendimientos.
También pesan los servicios agrícolas contratados, el mantenimiento y los productos destinados a la fertilización y protección fitosanitaria.
El resultado es una ecuación cada vez más delicada: el viticultor necesita producir con unos costes elevados mientras el precio de venta de la uva depende de la negociación con las bodegas y de las condiciones del mercado.
Rueda afronta, además, una vendimia abundante.
La discusión económica coincide con una campaña que, al menos desde el punto de vista productivo, presenta cifras importantes.
La previsión inicial de Castilla y León supera los 329 millones de kilos de uva en 2026, un 10,57 % más que en 2025 y un 11,23 % por encima de la media de las cinco campañas anteriores.
Rueda concentra buena parte de esa producción. La previsión ronda los 150 millones de kilos, un 10,2 % por encima de la media de las cinco campañas precedentes. A 14 de septiembre ya se habían recogido 128,7 millones de kilos, aproximadamente el 86 % de la cosecha prevista en la denominación.
Es decir, el escenario combina más producción y una referencia de costes elevada.
La Junta explica que la elevada humedad registrada durante la primavera y las altas temperaturas del verano aceleraron la maduración de la uva, obligando a realizar un seguimiento estrecho de los parámetros de calidad.
A pesar de ello, la valoración general de la Administración es positiva: los viñedos de Castilla y León presentan un buen estado sanitario y una buena calidad potencial de la uva.
En Rueda, por tanto, el problema no parece estar relacionado con una falta de calidad o con una cosecha escasa. El debate es fundamentalmente económico.
La Junta anuncia más vigilancia
El consejero Joaquín Antonio Pino ha vinculado la publicación del estudio con un mayor control del funcionamiento de la cadena alimentaria.
La Administración autonómica ha anunciado que sus inspectores trabajarán en coordinación con el Ministerio de Agricultura y con la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA), señalando al sector vitivinícola como uno de los ámbitos prioritarios de vigilancia.
El argumento de la Junta es que hacer públicos los costes constituye un primer paso para comprobar que las relaciones comerciales cumplen la normativa y evitar lo que el propio consejero ha definido como una “destrucción de la cadena de valor”.
Aquí aparece uno de los aspectos más importantes de toda esta cuestión.
El informe no dice cuánto debe pagarse por la uva. Dice cuánto cuesta producirla según distintos modelos de explotación.
Pero disponer de esa referencia puede cambiar sustancialmente la conversación entre viticultores y bodegas.
La pregunta que queda sobre la mesa
Rueda afronta así una vendimia con buena calidad potencial, una producción elevada y una presión creciente sobre los costes.
La pregunta ya no es solamente cuánto vale la uva.
La pregunta es cuánto puede pagar una bodega sin comprometer su propia cuenta de resultados y cuánto necesita recibir un viticultor para que seguir cultivando tenga sentido económico.
Son dos realidades que necesariamente tienen que encontrarse en algún punto.
Porque si producir un kilo cuesta entre 0,49 y 0,68 euros y una parte de la producción se comercializa por debajo de esas referencias, el problema deja de ser exclusivamente del viticultor. A medio plazo afecta a toda la cadena: desde la explotación agrícola hasta la bodega y, finalmente, al propio modelo productivo de la denominación.
Rueda ha construido buena parte de su éxito sobre un crecimiento extraordinario del vino blanco español y sobre una variedad, la Verdejo, que se ha convertido en una de las grandes referencias del mercado.
El siguiente reto puede ser menos visible, pero no menos importante: conseguir que el éxito comercial del vino también tenga una traducción económica suficiente en el viñedo que lo hace posible.

Redacción La Gaceta del Vino
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