Trucos para hacer del vino un regalo en Navidad
Tener en cuenta las añadas, personalizar las etiquetas, viajes de enoturismo o una barrica de vino de una bodega concreta son formas originales y emotivas para regalar vinos en estas fiestas
Tiempo para encontrar a familia y amigos. La Navidad es tiempo de encuentros (a veces también de algún encontronazo y desencuentro) y, por lo general, días en que todo el mundo tiene ganas de acercarse y compartir. El vino ha sido desde tiempos lejanos una bebida de festejos y reuniones. Mesas más largas de lo normal, manteles bordados, cuberterías y vajillas para la ocasión… y vinos que no se beben todos los días. Así se puede describir la Navidad desde la perspectiva de una mesa.
El vino está mucho más presente en Navidad que en otros momentos del año. De hecho, las ventas de vino se multiplican durante la campaña todos los años. No sólo se bebe, sino que también se regala. Más allá de las cestas de empresa, el vino es en muchas ocasiones un regalo recurrido. Os damos unas pistas para hacer que, más allá de regalo de último minuto, el vino se convierta en un regalo cargado de sentimiento.
Se puede optar por regalar vinos muy diferentes: vinos de hielo, de gel o un vino Tokay
Una buena idea es pensar en las añadas del vino. Los años marcan acontecimientos en la vida de las personas. Si a un chico que deja la infancia y pasa a la mayoría de edad se le regala una botella de una cosecha de hace 18 años el regalo se carga de motivos. Esa botella guarda, mejor que una foto, el clima de ese año. Es líquido de uvas que vieron llover en el mismo año en que los ojos del pequeño (entonces) vieron la luz. Vino y recién adulto comparten muchas cosas en esta ocasión.
Pero hay muchas más ideas que se pueden usar vinculando el tema de las añadas.
Otra idea que permite personalizar cualquier botella tiene que ver con las etiquetas: son muchas las etiquetas de vino que permiten escribir una dedicatoria en la misma. Se puede firmar, escribir una nota, unas palabras repletas de buenas intenciones. El vino se convierte en carta; mensaje en una botella. Si se quiere algo más “profesional” hay empresas que permiten la personalización de las etiquetas, e incluso empresas que dan este servicio para una gama limitada de vinos. Si esto es demasiado complicado, con un poco de arte y cariño se puede hacer una pequeña etiqueta que cuelgue del cuello de la botella y añada un toque personal a la misma. Una botella pueden ser millones de botellas diferentes.
Selección Especial 2009, un vino con aroma a vendimia
Brindemos con Pazo San Mauro 2012
Troublemaker… ¿vino en broma o vino en serio?
Es fácil también pensar que un sencillo lazo convierte la botella en regalo. Adicionalmente, una botella de vino puede servir de embajador de otro regalo. Un viaje de enoturismo puede ser entregado con una botella y una nota adjunta.
Se puede regalar el mismo vino de siempre, el que se sabe que gusta, o vinos de una zona con los que la persona tenga algún vínculo (nacimiento, parentesco, un viaje pasado, un viaje futuro….) Pero se puede optar también por regalar vinos muy diferentes: ¿vino de hielo? ¿o un vino de gel? ¿O un vino Tokay? Hay muchos vinos dentro del vino, y son muchas las formas como para hacer de un regalo, en ocasiones soso, un regalo muy especial. Como especial es, sin duda, regalar un vino de alta gama. Más allá de los tecnicismos y de descripciones en ocasiones difíciles de comprender, es cierto que hay vinos que, nada más beber, resultan espectaculares. Por desgracia son normalmente vinos muy caros. Este tipo de vino no será el que consumamos todos los días, pero sí puede ser un vino para un regalo muy especial.
Resulta también muy especial regalar una barrica de vino de una bodega concreta, o una serie limitada de botellas que se pueden recoger en la bodega.
A mi encantaría personalmente que me regalaran una viña. Una de esas preciosas vides que en ocasiones se ven en el campo. Mucho mejor que un bonsái, sin duda… al menos para mí.
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