Bruselas da la voz de alarma: el descenso del consumo de vino en la UE ya es “estructural”
La Comisión Europea ha puesto cifras y un calificativo contundente a una tendencia que el sector vitivinícola venía observando con preocupación. En la última actualización de sus ‘Perspectivas de las producciones agrícolas 2025-2035’, Bruselas no solo proyecta una caída sostenida del consumo interno de vino, sino que por primera vez cataloga este descenso como “estructural”. Esta definción implica que no se trata de un bache coyuntural, sino de un cambio profundo en los hábitos de los consumidores europeos, lo que obliga a una redefinición estratégica de todo el sector.
Las cifras de una tendencia inexorable
El informe, que sirve como hoja de ruta para legisladores y productores, presenta proyecciones claras:
· Se prevé que el consumo de vino en la Unión Europea disminuya alrededor de un 0,9% anual hasta 2035.
· Esto situaría el consumo per cápita en unos 19,3 litros anuales al final del periodo, frente a los 21,2 litros de media del periodo base 2021-2025.
· Este descenso se enmarca en una disminución global de la demanda interna que, en volumen, podría caer un 7% en el conjunto de la UE para 2035.
Las raíces del cambio: ¿por qué beben menos vino los europeos?
La Comisión identifica varios factores interconectados que explican esta transformación estructural:
1. Cambios demográficos y de estilo de vida: El envejecimiento de la población (los consumidores tradicionales más fieles) no es compensado por los jóvenes. Las generaciones Millennial y Z tienen una relación diferente con el alcohol: consumen con menos frecuencia, buscan moderación («low-no») y muestran mayor interés por otras bebidas (cerveza artesanal, cócteles, bebidas sin alcohol gourmet).
2. La prioridad por la salud: El creciente movimiento «wellness» y las directrices sanitarias que advierten contra el consumo regular de alcohol, incluso moderado, han calado profundamente. El vino ya no se percibe como un alimento diario indispensable en muchas mesas.
3. Competencia feroz en el sector de las bebidas: El mercado se ha diversificado enormemente. El consumidor tiene acceso a una oferta global de cervezas, espirituosos, refrescos premium y aguas funcionales que compiten por el mismo momento de consumo.
4. Contexto económico y presión inflacionaria: En periodos de incertidumbre o pérdida de poder adquisitivo, el vino, especialmente en sus segmentos medios, puede ser visto como un gasto prescindible o susceptible de ser cambiado por opciones más baratas.
Consecuencias para el sector vitivinícola comunitario
Este escenario plantea desafíos mayúsculos:
· Exceso estructural de producción: La UE ya arrastra un desequilibrio crónico entre oferta y demanda interna, con existencias en aumento (las llamadas «existencias de crisis»). Una caída estructural de consumo agravaría este problema, ejerciendo una presión a la baja sobre los precios en origen, especialmente en los segmentos más básicos.
· Reconfiguración del mercado: La batalla por el consumidor residual será más dura. Se acelerará la polarización: sobrevivirán los vinos de gran volumen y bajo coste, y prosperarán los de alto valor añadido (denominaciones de origen prestigiosas, vinos de terruño, ecológicos, con historias auténticas). El segmento medio podría seguir comprimiéndose.
· Mayor dependencia de las exportaciones: La necesidad de colocar la producción fuera de las fronteras comunitarias se volverá aún más crítica. Esto aumenta la exposición a la competencia global (Estados Unidos, Chile, Australia, Sudáfrica) y a las volatilidades geopolíticas y arancelarias.
Adaptarse o morir: las vías de transformación
Frente a este panorama, el informe de Bruselas, aunque no es un plan de acción, señala implícitamente la necesidad de una evolución profunda:
1. Reinventar el producto: Innovar en la oferta para atraer a nuevos consumidores. Esto incluye el fuerte impulso a los vinos sin alcohol o de bajo grado, los espumosos, los formatos más cómodos (latas, bag-in-box de calidad), y vinos con un perfil más fresco y menos alcohólico.
2. Comunicar nuevos valores: El mensaje debe ir más allá del placer hedonista. Es crucial comunicar la sostenibilidad (huella de carbono, biodiversidad, agricultura regenerativa), la autenticidad cultural, el trabajo artesanal y el papel del viticultor como guardián del paisaje.
3. Fortalecer el mercado único y las exportaciones: Armonizar normas, simplificar el comercio intracomunitario y apoyar con fuerza las campañas de promoción en mercados terceros con potencial de crecimiento.
4. Reestructurar el viñedo: Los programas de reconversión y reestructuración de viñedos, incentivados por la UE, serán vitales. Se orientarán hacia variedades más demandadas, sistemas de producción más resilientes al cambio climático y una reducción de superficies en zonas menos competitivas, buscando siempre la calidad sobre la cantidad.
Conclusión: Un punto de inflexión histórico
La declaración de Bruselas es un parteaguas. Al señalar que el descenso es «estructural», la Comisión Europea está advirtiendo que la época en la que el crecimiento del sector se basaba en el consumo interno masivo y estable ha terminado.
El futuro del vino europeo pasa por una transición dolorosa pero necesaria: producir menos y mejor, contar historias más convincentes, captar a las nuevas generaciones con productos y valores adaptados, y competir con agresividad en el mundo. Quienes vean esta tendencia como una oportunidad para innovar y diferenciarse tendrán un hueco en la mesa del futuro. Quienes se aferren al modelo tradicional, probablemente, quedarán fuera de la copa.

Redacción La Gaceta del Vino
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