El vino español se mira por dentro: ¿es la felicidad laboral la asignatura pendiente del sector?
Hay preguntas que el sector del vino lleva años posponiendo. No son las que afectan a la producción, la exportación o los aranceles. Son más íntimas, más difíciles de medir y, quizá por eso, más incómodas: ¿cómo se siente quien trabaja entre viñedos y barricas? ¿Qué retos afronta en su día a día? ¿Y qué le hace quedarse, o marcharse?
Por primera vez, alguien ha decidido formular esas preguntas en serio. La Fundación para la Cultura del Vino, en colaboración con The Wine Studio y The Human Studio, lanzó el pasado mes de noviembre una ambiciosa encuesta dirigida a profesionales de toda la cadena de valor. Más de 800 respuestas después, el I Informe sobre la Felicidad en el Trabajo en el Sector del Vino se presentó el 2 de febrero en la Barcelona Wine Week, en una jornada inaugural que había elegido como eje temático El factor humano, un legado a preservar.
Los resultados del estudio, aún no publicados en detalle, prometen abrir un debate necesario. Pero incluso antes de conocer las cifras con precisión, el sector ya ha comenzado a preguntarse si está haciendo lo suficiente para retener el talento que dice necesitar.
Una directora con las ideas claras
Elisa Errea, CEO de The Wine Studio y The Human Studio, fue la encargada de pilotar el proyecto. Durante la presentación en BWW, Errea insistió en una idea que ha ido calando en los pasillos de la feria: el sector vitivinícola tiene una oportunidad única para convertir la cultura, el arraigo y el propósito en palancas de compromiso sostenible. O, dicho de otro modo, para que quienes ya trabajan en vino sepan por qué lo hacen y, sobre todo, puedan contarlo con entusiasmo.
Céline Pérez, directora de Barcelona Wine Week, respaldó esa visión. En su intervención, subrayó que el sector ha demostrado madurez al someterse a un análisis honesto. Convertir el bienestar individual en una ventaja competitiva colectiva, dijo, no es solo una cuestión de recursos humanos. Es la clave para garantizar el relevo generacional y fijar población en el territorio.
Porque el problema demográfico del vino español no admite edulcorantes. Las cifras oficiales, manejadas en múltiples foros del sector, apuntan a una realidad inapelable: la pirámide de edad del viñedo se ha invertido y la base cada vez es más estrecha. La pregunta sobre quién ocupará las bodegas dentro de quince años planeó sobre buena parte de las mesas de debate de la Barcelona Wine Week.
Una de ellas, moderada por la periodista y sumiller Ruth Troyano, reunió a algunas de las voces más lúcidas del relevo generacional. Bajo el título Cambio generacional: ¿revolución o evolución?, los ponentes abordaron sin eufemismos la tensión entre herencia y emancipación.
Los Gramona: «Sí, pero no dentro de casa»
Leo Gramona y Roc Gramona, sexta generación al frente del celler familiar, explicaron su particular fórmula para conjugar tradición y libertad. Hace unos años, cuando comenzaron a incorporarse al proyecto, pusieron una condición a sus mayores: querían hacer sus propios vinos. La respuesta fue un sí, pero no dentro de Gramona.
Así nació L’Enclòs de Peralba, un proyecto paralelo ubicado en el corazón del Penedès donde elaboran vinos tranquilos y han recuperado variedades autóctonas como el sumoll, que sus padres habían dejado de cultivar. No hay ruptura, matizaron durante el debate. Hay evolución. Y un aprendizaje: a veces, para respetar el legado, hay que construir al lado.
René Barbier y la necesidad del espacio propio
En la misma mesa, René Barbier hijo, hoy al frente de Clos Mogador, fue aún más explícito. Lleva años trabajando codo con codo con su padre en el Priorat, pero también ha necesitado buscar su propio territorio creativo. El resultado es un proyecto personal en la Conca de Barberà, aún en fase de desarrollo, que le permite experimentar sin las ataduras del apellido.
Barbier no oculta que la convivencia generacional no siempre es sencilla. Pero insiste en una idea: el relevo no consiste en repetir, sino en reinterpretar. Y para eso, a veces, hay que salir del mapa conocido.
Lo que viene
El I Informe sobre la Felicidad en el Trabajo en el Sector del Vino aún no ha desvelado todas sus claves. La Fundación para la Cultura del Vino trabaja en la publicación detallada de los datos, que prometen una radiografía inédita del bienestar laboral en un sector profundamente ligado al territorio, pero cada vez más expuesto a la competencia global.
Mientras tanto, las bodegas, los viñedos y los laboratorios siguen funcionando. Los trabajadores que respondieron la encuesta vuelven cada día a sus puestos. Algunos lo hacen con la convicción de que su trabajo merece la pena. Otros, simplemente, esperan.

Redacción La Gaceta del Vino
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