Guerra abierta en el imperio Castel: La familia Destituye al director general, pero él se niega a Irse
La lucha por el control del gigante vitivinícola y de bebidas Castel ha entrado en una fase decisiva y profundamente conflictiva. El pasado lunes 2 de febrero de 2026, en una junta general extraordinaria celebrada en Singapur, la familia del fundador logró votar a favor de la destitución de Grégory Clerc como administrador de la sociedad holding que controla el grupo, IBBM (Investment Beverage Business Management). Sin embargo, el resultado de esta votación ha sido inmediatamente impugnado por el entorno del director general, sumiendo al grupo en una crisis de gobernanza sin precedentes en sus más de siete décadas de historia.
Este nuevo episodio supone el segundo intento de la familia en menos de un mes para apartar a Clerc, un abogado fiscalista suizo de 41 años que fue promovido a director general en 2023 tras haber sido el estrecho consejero del fundador, Pierre Castel. Una primera asamblea, organizada el pasado 8 de enero, ya había fracasado. En aquella ocasión, la familia denunció «maniobras dilatorias» por parte del presidente de IBBM, Pierre Baer, que a su juicio impidieron la celebración de la votación.
La familia canta victoria, IBBM lo rechaza
Nada más conocerse el resultado de la votación del 2 de febrero, la familia Castel —liderada por Romy Castel, la hija única del fundador, y apoyada por Alain Castel, un sobrino— publicó un comunicado en el que se declaraba triunfante. En él, la familia anunciaba que la «revocación del mandato de administrador de Grégory Clerc» había sido aprobada por «mayoría cualificada».
La familia presenta esta decisión como «la primera etapa en el proceso de reestructuración de la gobernanza» del grupo, asegurando que este paso abre «una nueva era de gobierno corporativo para el grupo Castel». Su objetivo declarado es restaurar una gestión basada en «la ética, la transparencia y la experiencia en la industria».
Sin embargo, la contraofensiva no se hizo esperar. Inmediatamente después, la propia holding IBBM emitió un comunicado para rechazar de forma tajante las conclusiones de la familia. La sociedad sostiene que «ninguna de las resoluciones propuestas fue adoptada válidamente» y que, por lo tanto, «no se ha producido ningún cambio en el consejo de administración».
El núcleo de la disputa se centra en la validez de los votos de Romy Castel, que los actuales administradores se niegan a reconocer. Según fuentes cercanas al proceso, los miembros del consejo abandonaron la asamblea sin firmar el acta, impidiendo así la formalización de la destitución.
«Sigo más al mando que nunca»
Apoyándose en esta interpretación, Grégory Clerc ha reafirmado con contundencia que mantiene todas sus funciones. En un mensaje publicado en su perfil de LinkedIn, el directivo declaró: «Tal y como confirma el comunicado [de IBBM], conservo mi mandato como administrador. Sigo más al mando que nunca, al servicio de los intereses del grupo Castel».
El director general se escuda en la voluntad que atribuye al fundador, Pierre Castel, de 99 años, de separar la «propiedad del capital» de la «gestión operativa». Clerc asegura que su eventual destitución en IBBM, incluso si llegara a confirmarse, no tendría «ningún impacto» en sus otros cargos, especialmente al frente de la sociedad operativa luxemburguesa DF Holding, que supervisa las tres principales ramas del grupo: Castel Vins, Castel Afrique y Somdia.
Una batalla judicial en el horizonte
Ante lo que considera un nuevo bloqueo por parte de la dirección, la familia Castel ha anunciado su intención de recurrir a la justicia de Singapur en los próximos días para que sea un tribunal quien reconozca la validez de su voto. Una fuente cercana a la familia advierte que, si los jueces confirman la destitución, se desencadenaría un «mecanismo bastante implacable» de revocaciones en cascada en las numerosas estructuras del grupo donde Clerc ostenta cargos de responsabilidad.
Este conflicto en la cúpula se produce en un contexto ya de por sí tenso para el gigante con sede en Burdeos, que facturó 6.500 millones de euros en 2024. La filial Castel Vins se enfrenta además a una amenaza de regularización fiscal en Francia cuyo importe podría alcanzar, en el «escenario alto», los 1.000 millones de euros.
El discreto imperio fundado hace más de siete décadas por Pierre Castel, con 43.000 empleados y una presencia ineludible en los mercados de África y Francia, es ahora el escenario de una lucha de poder sin cuartel entre los herederos históricos y un gestor externo aupado por el patriarca. El desenlace de esta batalla, que se librará ahora en los tribunales de Singapur, determinará el futuro de uno de los actores más poderosos y desconocidos del sector mundial de bebidas.

Redacción La Gaceta del Vino
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