El vino español en la encrucijada: las exportaciones caen en 2025, pero la transformación del sector ya está en marcha
Los números oficiales dejan poco espacio para la duda: el sector vitivinícola español enfrenta un año complejo. Según el último informe del Observatorio Español del Mercado del Vino (OIVE), correspondiente al periodo enero-noviembre de 2025, las exportaciones han registrado un retroceso, situándose en 3.179,12 millones de euros (un -2% interanual) fruto de la venta de 2.478,56 millones de litros (-1,9%).
Si nos centramos en los datos consolidados de vino propiamente dicho (excluyendo mostos, por ejemplo), la cifra para los once primeros meses es de 2.662,1 millones de euros por 1.754,2 millones de litros exportados. Este balance negativo en valor y volumen marca un punto de inflexión tras años de crecimiento sostenido, y obliga a un análisis profundo de sus causas y, sobre todo, de las oportunidades que se vislumbran.
Un contexto global desafiante
La ligera contracción no puede atribuirse a un único factor, sino a un cóctel de desafíos globales que impactan en la cesta de la compra internacional:
· Inflación y presión sobre el consumo: El encarecimiento de la vida en los mercados europeos tradicionales (Alemania, Reino Unido, Francia) hace que los consumidores opten por marcas más económicas o reduzcan el gasto en productos como el vino, afectando al segmento de entrada.
· Competencia feroz en el valor medio: Países como Italia, Chile o Sudáfrica mantienen una competencia muy agresiva en los rangos de precio que históricamente han sido el fuerte del volumen español.
· Cambios en los hábitos de consumo: La tendencia hacia un consumo más moderado, el auge de bebidas espirituosas premium y la bajada general del consumo de alcohol per cápita en algunos países pesan en las estadísticas.
No todo es sombra: Los puntos de luz en el informe
Sin embargo, una lectura pormenorizada de los datos de la OIVE revela fortalezas estratégicas y segmentos que no solo resisten, sino que crecen, señalando el camino a seguir:
1. La apuesta premium gana terreno: Aunque el volumen total cae, la caída en valor (-2%) es ligeramente menor que la de litros (-1,9%). Esto sugiere una leve tendencia hacia vinos con mayor valor unitario. La estrategia de muchas denominaciones de origen de enfocarse en la calidad, la singularidad y la narrativa del territorio empieza a dar sus frutos en mercados exigentes.
2. Los espumosos, un motor de valor: Los vinos espumosos españoles, especialmente el Cava y los Cavas de Paraje Calificado, junto con espumosos de otras regiones, continúan su expansión internacional. Son un producto con mayor margen y una percepción de calidad en ascenso, atractivo para celebraciones y consumidores jóvenes.
3. Mercados estratégicos en alza: Mientras algunos mercados europeos se estancan, las ventas en Estados Unidos, Canadá, Suiza y países nórdicos muestran un comportamiento más dinámico y con mejor valoración del producto español de gama media-alta. Asia, aunque aún un mercado por desarrollar, presenta oportunidades a largo plazo para vinos icono.
La hoja de ruta: de la cantidad a la valoración
El sector es consciente de que el modelo basado únicamente en el alto volumen y el precio competitivo ha alcanzado su techo. La reconversión ya está en curso y se basa en varios pilares:
– Sostenibilidad y autenticidad: El consumidor global valora cada vez más los procesos vitivinícolas respetuosos con el medio ambiente (orgánico, biodinámico) y las historias genuinas detrás de la botella.
– Digitalización y storytelling: La capacidad de conectar directamente con el consumidor final, contar la historia del viñedo, el enólogo y la región, es una herramienta poderosa para construir fidelidad y justificar un precio justo.
– Innovación en el formato y producto: La diversificación hacia formatos más convenientes (bag-in-box premium, latas de alta gama para segmentos jóvenes) y el desarrollo de vinos con menor grado alcohólico o sin alcohol, responden a nuevas demandas del mercado.
Un ajuste necesario, no una crisis
La ligera caída en las exportaciones de 2025 no es tanto una señal de alarma como el síntoma de una transición inevitable. España sigue siendo, y por mucho, un gigante vitivinícola mundial. El reto ya no es vender más litros, sino vender mejor, comunicar mejor y posicionar la increíble diversidad y calidad de sus más de 400 denominaciones de origen y vinos de la tierra.
El informe de la OIVE para enero-noviembre de 2025 actúa así como un recordatorio y un acicate. Recordatorio de que los vientos globales han cambiado, y acicate para acelerar la transformación hacia un modelo que priorice el valor, la identidad y la sostenibilidad, claves para asegurar el éxito del vino español en la próxima década.

Redacción La Gaceta del Vino
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