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El viñedo envejece: el 65% de los viticultores supera los 51 años y el sector clama por un relevo generacional

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La viticultura, pilar de tradiciones milenarias y motor económico de numerosas regiones, se enfrenta a una grave encrucijada demográfica. En España, alrededor del 65% de los titulares de explotaciones vitícolas supera los 51 años y una parte importante se acerca a la jubilación. Esta situación, extrapolable a otros países históricos del vino como Francia, Italia o Portugal, pone en riesgo la sostenibilidad del sector y evidencia la urgente necesidad de atraer a nuevas generaciones al campo.

Los datos oficiales muestran una pirámide de edad claramente invertida: la media del viticultor se sitúa entre los 58 y 60 años y apenas un 5-8% de los titulares es menor de 40. Esta brecha es aún mayor en zonas de secano o de orografía complicada, donde el trabajo es más duro y la rentabilidad menor. A ello se suma la pérdida del relevo familiar, ya que muchos jóvenes emigraron a las ciudades para estudiar o trabajar y no regresaron al viñedo.

Las causas del desinterés juvenil son múltiples. La viticultura exige una inversión a largo plazo, está expuesta a riesgos climáticos y sufre una elevada volatilidad de precios, lo que alimenta la percepción de que el campo no garantiza una renta digna. Además, la dureza física del trabajo, la dificultad para conciliar y las enormes barreras de acceso a la tierra y al capital hacen que iniciar un proyecto vitícola resulte poco atractivo para muchos jóvenes emprendedores.

Las consecuencias van mucho más allá del abandono de parcelas. Con la retirada de los viticultores veteranos se pierde un valioso conocimiento ancestral sobre el territorio, las variedades autóctonas y las prácticas adaptadas al clima. El abandono del viñedo provoca pérdida de biodiversidad, aumenta el riesgo de incendios y debilita la estructura productiva, afectando también a bodegas y a la competitividad del sector en su conjunto.

Pese al panorama, existen motivos para la esperanza. Las ayudas al relevo generacional de la PAC, los nuevos modelos de negocio basados en vinos de alto valor, el cooperativismo renovado, la formación especializada y la digitalización están abriendo nuevas oportunidades. Atraer a los jóvenes no es solo una necesidad, sino una oportunidad para aportar innovación, sostenibilidad y frescura comercial. Cada viñedo recuperado es una historia que continúa, y cada joven que apuesta por la tierra es una promesa de vino con futuro.

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