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El viaje del Txakoli

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El viaje del Txakoli
El viaje del Txakoli

Hay que remontarse al siglo XV, o incluso antes, para determinar el nacimiento del txakoli vizcaíno. Sin embargo, igual que en 1998 la llegada del Guggenheim funcionó como un catalizador, cambiando totalmente la ciudad de Bilbao, cuatro años antes, la creación de la Denominación de Origen Bizkaiko Txacolina fue un punto de inflexión en estos vinos. Fue, a partir de ese momento cuando el concepto de vino del año que solo servía para “chiquitear” cambia radicalmente.

Además de los vinos amparados con el término txacoli, la existencia de un grupo de colectivos de bodegas, dinámico e innovador han propiciado que surjan nuevos tipos de vinos. Así, ahora podemos encontrar cuatro tipos de txakolis elaborados con variedades autónomas como son el blanco, blanco fermentado en barrica, rosado y tinto.  Por su parte, la D.O. garantiza que ese vino cumple los estrictos requisitos de calidad en todos los procesos de elaboración, entre los que se incluye que los terrenos estén no superen los 400 metros sobre el nivel del mar, lo que confiere unas condiciones agro-climáticas propias, artífices de la singularidad del txacoli de Vizcaya que es lo que hace que no sea considerado como vino blanco del Loira. Además de esa singularidad, cada bodega elabora un estilo de txacoli diferente y, aunque hablamos de territorios pequeños, cada zona tiene sus características particulares.

La producción mayoritaria, el 98%, de txacoli es vino blanco sin ningún tipo de envejecimiento. Está elaborado principalmente con las dos variedades blancas autóctonas, Hondarrabi Zuri y Hondarrabi Zuri Zerratia. De tonalidades que van desde el amarillo pálido al pajizo, destacan sus aromas primarios con amplia gama de matices con notas de fruta blanca y cítricas. En boca son frescos, equilibrados y ligeramente ácidos.

Las producciones de determinados viñedos, ubicados en parcelas con buenas exposiciones, permiten su fermentación en barricas de madera de roble. Estos txacolis tienen un color que va del amarillo pajizo al pálido y su intensidad es media-alta con presencia de notas frutales y florales embalsadas con balsámico. En boca siguen siendo frescos, pero más equilibrados y complejos.

Por último, también merecen una mención especial los de vendimia tardía que se elaboran con uvas maduras y con un grado alcohólico natural superior al 15% Vol. Estos también envejecen en barrica de roble según el periodo que marca el Consejo Regulador, en función de las características de la vendimia. De aromas intensos y complejos, con notas de fruta madura, especies, miel y frutos secos. En boca tienen un gusto equilibrado, redondo y untuoso con un final largo.

 

Entre viñedos

Ahora que se cumplen 25 años de la D.O. de Bizkaiko Txacolina, un buen homenaje es sin duda viajar hasta allí y conocer de cerca los viñedos y la evolución que se ha producido en la zona que los ha llevado a crear una nueva forma de hacer vino. Si a esto le sumamos que el txacoli 42 de Gorka Izagirre ha sido elegido como el mejor vino blanco en el Concurso Mundial de Bruselas, la visita ya es obligada, porque no hay mayor placer que degustar el vino en el lugar donde se produce.

Para entender el cambio que tuvo lugar en Bilbao, el recorrido debe comenzar con un paseo por la Ría. Una Ría en la que hace unos años predominaba su aspecto industrial y su color gris, pero con la llegada del Guggenheim se transformó cambiando también el aspecto de la ciudad, en general. La grúa Karola vigila la Ría y recuerda el pasado del Bilbao industrial, pero quizá también recuerda que la ciudad vasca sigue en plena transformación. De hecho, ahora le toca el turno a la isla Zorrotzaure, donde está en marcha el proyecto diseñado por Zaha Hadid y que recupera un espacio totalmente degradado para convertirlo en un nuevo barrio. El Puente Bizkaia, patrimonio mundial de la UNESCO, que une los dos márgenes de la Ría entre Getxo y Portugalete antecede al final del recorrido en la Bahía de Abra.

Después de la Ría llega el momento de internarse en el monte y visitar las bodegas donde se elaboran los txacolis. Podemos empezar en Munetaberri, la única bodega dentro del término municipal del Bilbao. Situada en las faldas del monte Arraiz, el caserío Muneta domina la ciudad y es la cuna del txacoli Munetaberri, joven, fresco y afrutado.

La bodega Berroja se encuentra en el monte Oiz, uno de los icónicos y más representativos de Vizcaya. Con la ladera y el viñedo al sur, desde los viñedos que rodean la bodega situada en pleno corazón de Urdaibai, se puede contemplar todo el valle, mientras disfrutas de un Agirrebeko, txacoli blanco o Berroja, mucho más complejo y estructurado.

El recorrido continúa por Itsasmendi, una de las bodegas de referencia de la D.O. Bizkaia Txacolina. Situada a las afueras de Gernika, en un paraje único dentro de unos meses estrenarán instalaciones. Mientras, un paseo entre viñedos hasta el río para abrir boca para una cata de txacolis con pintxos, es todo un deleite. Entre sus vinos, destaca Itsasmendi nº 7, madurado con sus lías, se trata de un vino gastronómico, igual que lo es Itsasmedni Artizar, más moderno con notas de vainilla y tostadas, propias de la barrica, junto con la fruta blanca y cítricas propias de los txacolis.

Una antigua casona de indianos domina las viñas de la Bodega Virgen de Lorea, ubicada en Otxarán donde, a finales del siglo XVII, la familia Laiseca, antepasados del anterior propietario ya elaboraban txacoli y sidra. Cuentan con el mayor viñedo dedicado al txacoli de todo Euskadi y su vino destaca por el arraigo a la tierra. Aretxaga, el joven y afrutado convive con Señorío de Otxaran, un txacoli gastronómico. La bodega ha dado un paso más con Lainhoa, mucho más sofisticado sin perder las notas propias de la zona.

El recorrido puede terminar en Gorka Izagirre, bodega de referencia junto a los restaurantes Eneko y Azurmendi, del chef Eneko Atxa. Allí, antes de disfrutar de una comida, se puede degustar un Gorka Izagirre acompañado por unos pintxos en su barra para después dejar paso a los vinos más gastronómicos como son Arima, de vendimia tardía, o Ama, con una selección de uva Hondarribi Zerratia, es un vino maduro y envolvente.

Muchas son las bodegas que están haciendo otro tipo de txacolis, que están innovando, sin perder la esencia de lo que fue ese vino. Conocerlas es conocer una parte importante de la cultura de Vizcaya.

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